Un nuevo estudio realizado por varios investigadores ofrece nuevos datos sobre los antepasados de los mamíferos. El estudio habla de que algunos cinodontes, que eran antepasados de los mamíferos, podrían haber sido vivíparos entre 90 y 95 años antes de lo que se creía

Algunos cinodontes, que eran antepasados de los mamíferos, podrían haber sido vivíparos entre 90 y 95 años antes de lo que se creía. Se trata de un modo de reproducción caracterizado por el nacimiento de crías vivas frente a la oviparidad, cuando se expulsan huevos fecundados al exterior.
Así se explica en un nuevo estudio realizado por cuatro investigadores pertenecientes a instituciones de Argentina o Sudáfrica y publicado en la revista ‘Frontiers in Mammal Science’.
Esa investigación es la primera evidencia convincente de que los cinodones pudieron haber sido vivíparos. “Demostramos por primera vez que el parto de crías vivas estaba presente en al menos un ancestro mamífero, ‘Chiniquodon theotonicus’, que vivió hace aproximadamente 236 millones de años”, según Leandro Gaetano, paleontólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.
Gateano añade: “Esto implica que la viviparidad entre los primeros cinodontes se originó en el linaje de los mamíferos al menos entre 95 y 90 millones de años antes de lo que se creía”.
INTERROGANTES
Hasta ahora, el parto de crías vivas se consideraba una adquisición evolutiva relativamente reciente en el linaje de los mamíferos. El nuevo hallazgo plantea interrogantes sobre qué otros rasgos que se creía que habían aparecido mucho más tarde ya estaban presentes entre los cinodontes, según indicó el equipo.
“Es muy posible que ‘C. theotonicus’ no represente un caso aislado de viviparidad entre los cinodontes. Podría ser evidencia del cambio general de la puesta de huevos al nacimiento de crías vivas en las primeras etapas del linaje de los mamíferos. Pero necesitamos más evidencia para comprobar esta hipótesis”, recalca Gaetano, quien sentencia: “Aun así, parece que algunos cinodontes eran, de hecho, muy similares a los mamíferos actuales”.
Adriana Mancuso, investigadora del Conicet especializada en la evolución de los ecosistemas terrestres, apunta que “los cinodontes prosperaron en el Triásico, un período de recuperación y reestructuración de los ecosistemas tras una de las extinciones masivas más devastadoras de la historia”.
“Esto implicó una alta competencia por los recursos y una fuerte presión depredadora. Sumado a una tendencia hacia la aridez y una marcada estacionalidad, los embriones de las especies vivíparas estarían mejor protegidos que los de las especies ovíparas”, explica.
“MISTERIO INSONDABLE”
El estudio se inició durante un curso de posgrado, cuando se descubrió una marca de crecimiento en la microestructura ósea de un ejemplar adulto de ‘C. theotonicus’ hallado en el noroeste de Argentina.
Los datos de ejemplares vivos sugirieron que se trataba de una línea neonatal, un anillo de crecimiento distintivo que puede encontrarse en huesos o dientes. Es el resultado de la fuerte aceleración del ritmo de crecimiento que se produce justo después del nacimiento.
Para poner a prueba su hipótesis sobre la formación de la especie, el equipo evaluó la masa corporal de los neonatos en relación con la masa corporal de los adultos y comparó los valores de ‘C. theotonicus’ con los de varios miles de mamíferos, reptiles no aviares y aves que viven en la actualidad.
“Hasta ahora, determinar si los ancestros de los mamíferos eran ovíparos o vivíparos ha sido un misterio insondable”, indica Gaetano, antes de agregar: “Desarrollamos un conjunto de métodos bastante ingeniosos para desentrañar algo muy difícil de analizar en el registro fósil”.
BEBÉS GRANDES
El tamaño y el peso del ejemplar de ‘C. theotonicus’ al nacer y al morir se estimaron a partir de mediciones de sus huesos. Esto se realizó midiendo la línea neonatal y la superficie externa, respectivamente.
El equipo determinó que pesaba alrededor de 1,7 kilos al nacer y cerca de 12 kilos al morir, lo que significa que el ‘C. theotonicus’ recién nacido pesaba un 14% de la masa que habría alcanzado al fallecer.
Los reptiles vivos, como algunas tortugas, serpientes y cocodrilos que pesan entre 8 y 14,5 kilos, producen crías que pesan entre 9 y 53 gramos, lo que se traduce en proporciones de masa corporal neonato-adulto muy bajas, de entre un 0,1% y un 0,6%.
Algunas aves, como grullas, pelícanos o buitres, pesan entre 8 y 21,5 kilos y producen crías que pesan entre 110 y 357 gramos, una proporción de masa corporal neonato-adulto de alrededor de un 1,3% a un 4,5%.
En mamíferos de tamaño similar (con un peso entre 8 y 15 kilos), las crías recién nacidas pueden ser mucho más pesadas, entre 35,5 gramos y 1,87 kilos, lo que resulta en índices de masa corporal neonato-adulto de hasta un 18,77%.
El antílope duiker de la bahía, por ejemplo, da a luz crías que pesan aproximadamente lo mismo que una cría recién nacida de ‘C. theotonicus’. Estos cálculos excluyen a los mamíferos no placentarios que ponen huevos o albergan a sus crías en bolsas abdominales y producen crías extremadamente pequeñas.
“Nos sorprendió descubrir que ‘C. theotonicus’ se agrupaba con los mamíferos placentarios actuales, siendo claramente distinto de otros amniotas como los reptiles o las aves”, destaca Gaetano.
María Miceli Baro, estudiante de posgrado de la Universidad de Buenos Aires, señala que “nunca se habían observado tejidos embrionarios, y mucho menos una línea neonatal” en los cinodontes. “Mediante su análisis, descubrimos que un rasgo generalmente asociado al éxito evolutivo estaba presente en animales mucho antes del origen de los verdaderos mamíferos”, apostilla.
