Berlín, 3 jun (dpa) – Los fumadores compran en Alemania cada vez con más frecuencia cigarrillos falsificados o de contrabando, según un estudio de la auditora KPMG encargado por Philip Morris International (PMI), fabricante de Marlboro.

El año pasado se consumieron en Alemania aproximadamente 1.900 millones de cigarrillos ilegales, lo que supone 200 millones más que en 2024 y 300 millones más que en 2023, indica el análisis.
Según los datos, la cuota del mercado negro en el mercado total de cigarrillos aumentó el año pasado del 2,2 % al 2,5 % (2023: 2,1 %).
Para el estudio se recogieron paquetes de cigarrillos vacíos de papeleras y de instalaciones de gestión de residuos para comprobar sus sellos fiscales y su autenticidad.
En Alemania se contabilizaron alrededor de 100.000 paquetes. La mercancía ilegal se ofrece a menudo en patios traseros o se saca de un área situada detrás del mostrador de la tienda solo cuando se solicita.
En países vecinos de la Unión Europea (UE), como los Países Bajos, Bélgica y Francia, la cuota ilegal es considerablemente mayor. En algunos casos, los cigarrillos falsificados que se venden allí proceden de fábricas ilegales en Alemania. Las aduanas y la policía actúan de vez en cuando contra este tipo de instalaciones, pero no pueden acabar con el problema de raíz.
Los autores del estudio estiman que el año pasado se vendieron en Europa 55.300 millones de cigarrillos falsificados o de contrabando, lo que supone un 5,9 % más que en 2024.
En toda Europa se desmantelaron el año pasado más de 100 fábricas ilegales. La República Federal de Alemania está cobrando importancia para las estructuras delictivas y está pasando de ser un país de tránsito para mercancías de contrabando a convertirse cada vez más en un país productor de productos falsificados, afirmó Tammo Körner, experto de Philip Morris.
Thomas Liebel, del sindicato alemán de aduanas y finanzas BDZ, lo confirmó: el mercado ilegal del tabaco se está profesionalizando, se está organizando en una división del trabajo y resulta cada vez más difícil de controlar para el Estado.
