Bayreuth (Alemania), 2 ago (dpa) – Se trata apenas de gestos, símbolos y breves comentarios, pero que dejan claro que algo podría estar cambiando en el festival dedicado al compositor Richard Wagner en Bayreuth.

Oficialmente, el evento está dirigido por una descendiente del músico como es tradición, la directora Katharina Wagner. Pero, ¿por cuánto tiempo más? ¿Quién lleva realmente las riendas? ¿No es Bayreuth ya un gran teatro en manos del Estado y el estado federado de Baviera?
«Todavía…» en manos de la familia
Nike Wagner, prima de la directora del festival y que en su día compitió con ella por el puesto, planteó en su discurso con motivo del 150º aniversario la cuestión del futuro del festival, que se ha ido transformando cada vez más de una empresa familiar en una institución estatal.
«Se está produciendo una especie de cambio radical», dijo. El Estado federal y el regional, que son los que aportan la mayor financiación, son para ella «los sepultureros del elemento familiar de la historia del festival», en el que solo la parte artística está hoy —»todavía»— en manos de la familia.
Un simbólico apretón de manos en la alfombra roja
Uno de los gestos que marcaron este cambio fue que normalmente es el alcalde de Bayreuth quien da la bienvenida a los invitados de honor en la alfombra roja el día de la inauguración.
Pero este año se sumaron sin previo aviso el secretario de Estado de Cultura de Alemania, Wolfram Weimer, y su esposa, así como el ministro de Cultura de Baviera, Markus Blume, que se colocaron delante del alcalde.
Katharina Wagner, por su parte, esperaba en la puerta, y solo salió al exterior al llegar la excanciller Angela Merkel.
Más fondos del Estado y de Baviera
Aunque los responsables políticos estén aplicando recortes en todo tipo de ámbitos, esto no se aplica al festival. En el futuro, tanto el Estado como Baviera aumentarán sus subvenciones en un millón de euros cada uno, hasta superar los 5,2 millones (6 millones de dólares) al año en cada caso.
Hace unos años, ambos adquirieron participaciones del festival de manos de los mecenas de la Sociedad de Amigos de Bayreuth y, desde entonces, son los principales accionistas, con un 36 % cada uno. Además de los Amigos, otro accionista es la ciudad de Bayreuth.
La familia ya no tiene poder
El autor Bernd Buchner, experto en Wagner, destacó a dpa que, aunque Katharina Wagner sigue siendo percibida como el rostro del evento, Bayreuth es ahora, de hecho, un teatro estatal. «La familia Wagner está prácticamente destituida de su poder», indicó.
Durante muchas décadas, algo así era impensable en la llamada «Colina Verde»: tras la muerte de Richard Wagner en 1883, su viuda Cosima asumió el poder, institucionalizó el festival y aplicó una política de casting antisemita, excluyendo deliberadamente a artistas judíos.
Posteriormente, el hijo de Wagner, Siegfried, heredó el cargo de director, antes de que, tras su muerte, su esposa, Winifred Wagner, convirtiera Bayreuth en un espectáculo nazi en honor a su amigo Adolf Hitler.
El relanzamiento tras la Segunda Guerra Mundial corrió a cargo de los hijos de Winifred, Wieland y Wolfgang Wagner, antes de que este último asumiera el mando en solitario tras la muerte de su hermano —lo que desencadenó posteriormente un gran drama en torno a su sucesión, porque los descendientes de Wieland quedaron al margen-.
Ahora el siguiente paso parece ser una simplificación de las complejas estructuras del festival. «Bayreuth evoluciona constantemente en el escenario», afirmó el ministro regional de Cultura Blume. «Debemos plasmar esta exigencia también en las estructuras. La reforma de la gobernanza está preparada en cuanto al contenido. Espero que los órganos competentes adopten las resoluciones necesarias aún en agosto», comentó.
Por Kathrin Zeilmann y Britta Schultejans (dpa)
