El fuego en los incendios forestales más extremos pueden dejar de depender de las condiciones meteorológicas y generar una dinámica propia, con vientos erráticos, rayos y nuevos focos que dificultan las labores de extinción.

Los incendios forestales más extremos, como el que sufre la Gironda (Francia), pueden dejar de estar dominados únicamente por las condiciones meteorológicas y comenzar a generar su propia dinámica atmosférica, con grandes columnas convectivas, rayos y vientos erráticos capaces de modificar la dirección de las llamas, provocar nuevos focos y situar el fuego fuera de la capacidad ordinaria de extinción.
Así lo explica una investigación presentada en la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias de 2026, que analiza el punto en el que el calor y la humedad liberados por un incendio convierten una columna de humo en un pirocumulonimbo, una nube de tormenta creada por el propio fuego. Precisamente el incendio en Gironda formó un pirocumulonimbo (incluso fotografiado desde el espacio), un fenómeno este inédito en Francia, que puede producir tormentas de fuego con relámpagos y brasas, y que permite al incendio autoalimentarse, multiplicar por si mismo su voracidad, su velocidad de propagación e incluso convertirse en lo que los técnicos vienen denominando ya incencios fuer de capacidad de extinción.
El trabajo, elaborado por Jason Müller, Fabian Senf e Ina Tegen, investigadores del Instituto Leibniz de Investigación Troposférica de Leipzig (Alemania), utilizó simulaciones de alta resolución para estudiar «la transición entre una columna de humo poco desarrollada y una tormenta piroconvectiva».
Los autores identificaron «un cambio brusco en el comportamiento de la columna» cuando el flujo de calor sensible liberado por el incendio supera aproximadamente los 50 kilovatios por m2. A partir de ese umbral, «las corrientes ascendentes pueden ganar altura con rapidez y transportar humo hasta las capas superiores de la troposfera».
La investigación, presentada en Viena (Austria) durante la Asamblea General de la EGU celebrada recientemente, concluyó que calcular con precisión el calor y la humedad emitidos por el incendio «resulta esencial para anticipar la posible formación de estas tormentas y mejorar los sistemas de predicción».
TORMENTA CREADA POR EL FUEGO
La demostración más directa de este proceso se acaba de observar en Gironda (suroeste de Francia), donde el fuego declarado cerca de Saumos, y al norte de la Bahía de Arcachón, generó «un pirocumulonimbo con rayos y fuertes vientos capaces de cambiar el comportamiento de las llamas y provocar nuevos focos», según certificaron técnicos franceses del operativo de extinción.
Este mismo lunes confirmaron que los rayos generados dentro de la nube alcanzaron el suelo y prendieron nuevos incendios fuera del perímetro original. La Federación Nacional de Bomberos de Francia aseguró que «no tenía constancia de que se hubiera documentado anteriormente en el país un fenómeno de estas características».
El meteorólogo especializado en incendios Theodore Giannaros, investigador del Observatorio Nacional de Atenas, explicó este lunes que un pirocumulonimbo es una nube de tormenta nacida del intenso calor producido por un incendio forestal. Giannaros señaló que el fenómeno puede entenderse como una hoguera de dimensiones tan grandes y con una temperatura tan elevada que «el humo ascendente termina convirtiéndose en una nube tormentosa».
Estas nubes generan fuertes corrientes ascendentes que atraen aire hacia el fuego. Al mismo tiempo, las corrientes descendentes pueden devolver a la superficie ráfagas violentas y variables, modificar la dirección del frente y comprometer las rutas de escape de los equipos de extinción, según este experto.
En la tarde de este lunes el fuego se encontraba a unos 15 kilómetros de Burdeos y el número de personas evacuadas superaba el cuarto de millón, según el Ministerio de Interior de Francia.
MADRID Y ÁVILA
En España, los incendios de Madrid y Ávila han mostrado un comportamiento extremo por su extensión, su velocidad de propagación y las dificultades para controlar sus distintos frentes, según todos los expertos, pero no consta por el momento una confirmación oficial de que hayan generado un pirocumulonimbo. Pero las autoridades advirtieron de nuevo este lunes que el viento, la baja humedad y la llegada de nuevas temperaturas muy elevadas «pueden favorecer reactivaciones y dificultar las tareas de extinción».
La Agencia Estatal de meteorología (Aemet) ya había advertido este mismo mes de julio de que la combinación de calor intenso, vegetación seca, tormentas con poca precipitación, rayos y rachas fuertes de viento incrementaba notablemente el peligro de incendios forestales.
El portavoz de la agencia, Rubén del Campo, predijo que las tormentas secas previstas en diversas zonas de la Península podían dejar rayos y rachas muy fuertes de viento, condiciones capaces de elevar el riesgo de ignición y propagación.
POCOS DÍAS Y MUCHO DAÑO
Otra investigación presentada en la misma Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias ayuda a explicar por qué «unos pocos episodios meteorológicos excepcionalmente adversos pueden concentrar una parte desproporcionada de la superficie quemada».
El estudio ‘Fire weather waves drive extreme fires globally’, firmado por John Abatzoglou, Cong Yin, Piyush Jain, Mojtaba Sadegh, Mike Flannigan y Matthew Jones, analizó datos mundiales correspondientes al periodo comprendido entre 2002 y 2024. Los investigadores denominaron ‘olas de meteorología de incendios’ a los «episodios en los que las condiciones de calor, sequedad y viento favorables para la propagación del fuego persisten durante varios días consecutivos».
Estos episodios representaron solamente el 4 % de los días analizados en ecosistemas forestales, pero coincidieron con el 26 % de toda la superficie quemada. Su impacto resultó «especialmente acusado en los bosques mediterráneos».
METEOROLOGÍA FAVORABLE AL FUEGO
El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales situó la pasada semana amplias zonas de España y Francia en niveles de «peligro extremo o muy extremo, debido a la persistencia del calor, la sequedad de la vegetación y las condiciones favorables para la rápida propagación de las llamas».
Investigadores participantes en la Asamblea de Geociencias advirtieron de que estas olas de meteorología favorable al fuego «podrían hacerse más frecuentes, duraderas e intensas durante las próximas décadas» y defendieron «su incorporación a los sistemas de alerta temprana y a la planificación de los dispositivos de extinción».
