El Congreso ha aprobado iniciar la tramitación de una reforma del Reglamento que contempla multas de hasta 1.000 euros y la suspensión temporal del acta parlamentaria.

El Congreso de los Diputados aprobó este jueves con 179 votos a favor (la mayoría de la investidura) y 169 en contra (PP y Vox) la toma en consideración de una reforma de los artículos 10 y 104 del Reglamento de la Cámara que, si se refrenda tal como la ha presentado el Grupo Socialista, multaría hasta con 1.000 euros o retiraría temporalmente el acta a parlamentarios por faltas de disciplina.
La modificación empezará a tramitarse semanas después de que el diputado de Vox José María Sánchez fuera expulsado del hemiciclo por haber subido a la Mesa del Congreso para quejarse a quien presidía el pleno, el vicepresidente Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, de insultos de ERC; la izquierda interpretó el gesto de Sánchez como una amenaza violenta.
La diputada del PSOE Rafaela Romero justificó que el Reglamento del Congreso presenta lagunas para corregir faltas de disciplina, por lo que defendió las dos modificaciones incluidas en una reforma que defendió como proporcional y en consonancia con otros países.
Según argumentó, la reforma no está diseñada para favorecer o perjudicar a nadie n ni para perseguir ideas sino para garantizar unas reglas del juego y que la libertad no se convierta en impunidad. Romero también negó que exista polarización porque este término conlleva dos bandos simétricos y, a su juicio, “no todos somos iguales” y siempre son los mismos quienes acosan a otros o filtran datos personales.
La posición contraria del PP la defendió la diputada Marga González, quien criticó el uso partidario del Congreso por parte de la izquierda hasta considerarlo “la delegación del Gobierno en la Carrera de San Jerónimo”. Dijo que los anteriores presidentes del Congreso ejercían una “autoridad disuasoria” pero la actual, Francina Armengol, tolera los insultos y faltas de respeto al Rey, jueces o periodistas, y las interrupciones por parte de invitados de izquierdas. Y terminó advirtiendo de que muchas veces el problema no son las reglamentaciones sino su interpretación.
En nombre de Vox, subió a la tribuna el propio José María Sánchez, quien agradeció poder explicar su situación y se rio del “falso aroma de sacristía” y el “incienso laico” que según él está esparciendo”. Insistió en que el día en que fue expulsado primero le insultaron desde ERC, y negó haber ejercido ninguna violencia sobre nadie, por lo que “el ofendido”, él, fue “el sancionado”. Terminó negando que esté prohibido subir a la Mesa del Congreso: “Al presbiterio pueden subir los fieles”, sentenció, caracterizando al Gobierno de “totalitarismo democrático de raíz jacobina”.
SUMAR Y NACIONALISTAS
Desde el grupo de Sumar, Francisco Sierra, estableció que el parlamentarismo requiere libertad para la expresión de ideas, no para la agresión verbal, y que “no existe libertad sin responsabilidad”. Dijo que los diputados del PP y Vox son “faltones y maleducados” y han “asumido el trumpismo”, por lo cual defendió la reforma del Reglamento, y barajó irónicamente obligar a los diputados a cursos de urbanidad.
La diputada de ERC Pilar Vallugera también anunció su voto a favor de la tramitación aun pensando que la reforma “no está bien planteada”, no contiene todo lo que debería y es demasiado una respuesta “ad hoc” que terminará aplicada a las “minorías disidentes” y podría emplear una futura mayoría de derechas. Por eso, llamó a “no volver a dispararnos en el pie”.
Por Junts per Catalunya, Josep María Cervera apoyó la iniciativa frente a una “barra libre de descalificaciones” pero precisó que se debe aplicar con “criterios objetivos” y sin distinguir según quién sea el infractor, por lo cual llamó a “ajustes importantes” en su tramitación para que sea más “garantista” y no afectar a la libertad de expresión. Por el PNV, Mikel Legarda expresó su apoyo a la iniciativa al entenderla “proporcionada”,
Desde el BNG, Néstor Rego anunció su voto favorable pero con “muchas dudas” y pensando que esta reforma no es la adecuada para parar a una derecha que, según él, se siente amparada por los poderes fácticos y fomenta la polarización en una estrategia colectiva.
