Pedro Sánchez ha recibido numerosos insultos durante su presencia en el desfile militar del Día de la Fiesta Nacional, pues tanto al llegar como al marcharse tuvo que escuchar improperios como «hijo de puta» por parte del público que asistía en los alrededores de la Plaza de Neptuno en Madrid.

Sánchez llegó en coche oficial a las 10.56 horas a través de una de las calles traseras del Hotel Ritz. En ese momento, los ciudadanos empezaron a gritar con fuerza y de forma repetida: «Pedro Sánchez, hijo de puta». También se escucharon gritos de «traidor» por la gestión política de la crisis migratoria en Ceuta.
A unos metros de distancia aguardaban la ministra de Defensa, Margarita Robles; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida; el Jemad, almirante general Teodoro Esteban López Calderón; y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que acaba de llegar.
Sin embargo, Sánchez prefirió esperar dentro del coche oficial durante unos cuatro minutos detrás de las gradas de autoridades. Los gritos desaparecieron durante ese tiempo y el jefe del Ejecutivo se bajó del vehículo para caminar andando unos metros hasta el punto donde debía recibir al jefe del Estado junto al resto de las autoridades.
Los Reyes de España aparecieron por el Paseo del Prado a las 11.01 montados en el Rolls Royce reservado para ocasiones especiales como esta. El clima cambió en ese momento para transformarse en aplausos y cánticos a favor de Felipe VI. «¡Viva el Rey!», coreaba el público una y otra vez.
Los aplausos al monarca se intensificaron al bajar del coche, antes de escuchar el himno nacional y de acercarse a las autoridades el saludo institucional. Justo antes de acercarse a la fila de ministros y presidentes autonómicos, el público volvió a arremeter contra Pedro Sánchez con insultos similares a los del inicio.
Esta escena, que se repite año tras año desde que Sánchez está en el Palacio de la Moncloa en una jornada cargada de solemnidad y carácter institucional, se produjo en medio de las dudas de una parte de la sociedad sobre la gestión del Ejecutivo en la crisis en Ceuta, la polémica decisión del líder del Ejecutivo de mantener sus vacaciones en La Mareta (Tenerife), y la sostenida defensa de la cooperación con Marruecos, pese a que el 30 de julio facilitó que entrasen de forma irregular miles de personas en España al descuidar el control de su frontera.
Durante el desfile militar, no hubo ataques al presidente del Gobierno y el público gozó del paso de las unidades aéreas y terrestres, con momentos destacados como el salto en paracaídas con la bandera de España, el izado de la enseña nacional y el paso de los Regulares de Melilla.
Al terminar, el presidente del Gobierno acompañó a los Reyes en el saludo a algunos de los participantes en el desfile. El respeto institucional se mantuvo hasta el momento en el que los Reyes de España y sus hijas montaron en el coche oficial para desplazarse al Palacio Real. En su recorrido hacia el Paseo de la Castellana volvieron a recibir multitud de aplausos y cánticos.
Por su parte, Sánchez volvió a escuchar abucheos e insultos por parte del escaso público que había alrededor de la Plaza de Neptuno, ya que el espacio habilitado en esta zona era muy reducido al estar reservado principalmente para las autoridades.
