Un proyecto del CSIC avanza en la investigación de la estepa de Mongolia con la excavación de dos asentamientos de la Edad del Bronce y el hallazgo de nuevos registros arqueológicos.

El proyecto liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se propone reconstruir la manera de vivir de las primeras comunidades pastoriles en la estepa mongola para comprender cómo organizaban sus campamentos, cómo gestionaban sus animales y de qué manera respondieron a los cambios ambientales que experimentó esa región durante la Edad del Bronce.
Según comentó la organización en un comunicado emitido este martes, durante años se centraron los esfuerzos en el estudio de los monumentos funerarios. Sin embargo, todavía se sabe “muy poco” sobre los lugares donde vivían las comunidades que construyeron estos mausoleos.
“Responder a estas preguntas es el objetivo del proyecto Nomadbones”, liderado por el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC). En la primera campaña desarrollada en Bulgan, Mongolia central, se pudieron excavar dos asentamientos de la Edad del Bronce, documentar 220 nuevos registros arqueológicos, registrar cerca de 150 paneles de arte rupestre y obtener dos archivos paleoambientales “que permitirán reconstruir la evolución del paisaje y del pastoralismo durante los últimos 3.000 años”.
La investigadora del IPNA-CSIC y directora del proyecto, Natalia Égüez señaló que Nomadbones aspira a “comprender cómo eran los espacios donde vivían estas comunidades, cómo organizaban sus campamentos, cómo gestionaban sus animales y de qué manera respondieron a los cambios ambientales que experimentó la estepa durante la Edad del Bronce”.
Una de las “claves” de la expedición era localizar y estudiar asentamientos domésticos, objetivo que se consiguió y como resultado se pudieron documentar 220 nuevos registros arqueológicos. Además, también se registraron cerca de 150 paneles de arte rupestre, y por primera vez el proyecto incorporó un dron equipado con cámara térmica, una tecnología que facilitó la detección de estructuras arqueológicas y variaciones del terreno difíciles de identificar mediante observación convencional.
Las excavaciones realizadas en dos de los asentamientos permitieron recuperar “abundantes restos arqueológicos en un extraordinario estado de conservación”, entre ellos hogares, cerámica, industria lítica, restos faunísticos, varios cráneos completos de caballo y coprolitos (excrementos animales fosilizados o desecados).
Además de personal investigador del IPNA-SIC, el proyecto reunió a especialistas de la Academia de Ciencias de Mongolia, la Western Kentucky University (WKU), la University of Oulu, la Universidad de La Laguna y el Instituto Milà i Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF-CSIC). La expedición contó asimismo con la colaboración del geólogo David Martín Freire (IGME-CSIC), especialista en patrimonio pétreo, que participó en el estudio geológico del arte rupestre y en el análisis de los procesos de alteración y conservación de estos yacimientos.
Los materiales y muestras obtenidos durante esta primera campaña “constituirán la base de los análisis arqueológicos, biomoleculares y paleoambientales que el equipo desarrollará en los próximos años”. Sus resultados contribuirán “a comprender cómo evolucionaron las primeras sociedades pastoriles de Mongolia y cómo adaptaron sus estrategias de subsistencia a las transformaciones ambientales de la estepa euroasiática”.
