Un equipo científico ha descubierto que los corales profundos de Galápagos desaparecieron más de 1.000 años por La Niña, lo que evidencia su vulnerabilidad al cambio climático.

Un equipo de científicos ha descubierto que los corales de aguas profundas en la región de Galápagos desaparecieron durante más de 1.000 años por un episodio de La Niña antes de volver a recuperarse, lo que revela que esos ecosistemas podrían ser más vulnerables al cambio climático de lo que se creía.
La investigación, liderada por la Universidad de Bristol (Reino Unido) en colaboración con científicos internacionales y publicada en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, se basa en el análisis de más de 900 corales pétreos fósiles de aguas profundas recogidos a profundidades de hasta 1.000 metros.
Mediante la datación uranio-torio, los investigadores reconstruyeron una historia de 117.000 años de los ecosistemas de corales de aguas profundas en la región de Galápagos, uno de los registros más detallados de este tipo.
Debido a que crecen en las partes más profundas y oscuras del océano, los arrecifes de coral de aguas profundas han sido significativamente menos estudiados en comparación con sus homólogos tropicales, pero siguen siendo puntos clave de biodiversidad que albergan una rica variedad de peces y vida invertebrada.
Sorprendentemente, el estudio descubrió que estos ecosistemas de corales profundos, que persistieron a través de importantes eventos climáticos globales durante decenas de miles de años, incluyendo la última Edad de Hielo y el calentamiento posterior, experimentaron una interrupción notable hace unos 5.000 años, cuando los corales desaparecieron de los registros durante más de un milenio.
EL NIÑO Y LA NIÑA
Análisis posteriores sugieren que esta sorprendente desaparición estuvo relacionada con el fenómeno climático global de El Niño-Oscilación del Sur, que surge de la variación en los vientos y las temperaturas de la superficie del mar en el océano Pacífico tropical.
“La desaparición de los corales coincidió con una fase prolongada de La Niña. Durante ese periodo, una circulación oceánica más intensa llevó aguas profundas ricas en nutrientes a la superficie, lo que probablemente provocó una disminución de los niveles de oxígeno en las profundidades, dificultando la supervivencia de los corales de aguas profundas”, explica Joseh Stewart, de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol.
Con vistas al futuro, se prevé que patrones climáticos como El Niño-Oscilación del Sur cambien a medida que el planeta se calienta, pero, al estudiar cómo estos patrones climáticos afectaron a los corales en el pasado, los científicos pueden predecir y comprender mejor cómo los ecosistemas de aguas profundas podrían verse afectados por el cambio climático.
“Los hallazgos desafían el pensamiento convencional. Si bien está bien documentado que los eventos de El Niño, que provocan calor extremo en las aguas superficiales tropicales del Pacífico, causan estrés en los corales de aguas someras, nuestro estudio demuestra que la duración prolongada de condiciones similares a La Niña también puede ser perjudicial, especialmente en las profundidades oceánicas”, apunta Stewart.
Este investigador agrega: “Dado que se prevé que el cambio climático altere el comportamiento de El Niño-Oscilación del Sur, los arrecifes de coral de aguas profundas, puntos críticos de biodiversidad, podrían estar en mayor riesgo de lo que se pensaba”.
El hecho de que estos ecosistemas coralinos se recuperaran finalmente demuestra que la resiliencia es posible. El reto para la conservación consiste en salvaguardar las condiciones que permitan esa recuperación.
En el Pacífico tropical oriental, esto implica la creación de redes de Áreas Marinas Protegidas que protejan el lecho marino profundo, fomentando la conectividad natural entre hábitats y la resistencia al cambio climático.
