Viñedos que son también centros de arte: tres ejemplos en Francia

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Incluso la puerta de entrada al viñedo Château La Coste, cerca de Aix-en-Provence, es una obra de arte. Fue diseñada por el arquitecto Tadao Ando. Foto: Andrew Pattmann/dpa-tmn

(dpa) – La pregunta acerca de si existió primero el amor por el vino o por el arte recuerda en el Château Chasse-Spleen, en el suroeste de Francia, al problema del huevo y la gallina. «Es difícil decirlo», explica Jean-Pierre Foubet. «Son dos pasiones mías y de mi esposa Céline. Y unimos las dos aquí», afirma.

Hay muchas partes de su explotación vinícola en las que también puede encontrarse arte. Incluso el sótano, en el que estacionan el vino tinto entre 12 y 18 meses, fue ideado por un artista, el pintor suizo Félice Varini, que juega con la percepción del observador mediante una serie de formas geométricas que decoran las barricas.

La relación con el arte ya se observa en el nombre

Chasse-Spleen se encuentra a alrededor de 45 minutos de Burdeos, entre Margaux y Saint-Julien. El origen del nombre ya revela que aquí vino y arte están estrechamente ligados. Se refiere al poema publicado en 1857 «Spleen et Idéal» del poeta Charles Baudelaire e ilustrado por el pintor Odilon Redon (1840-1916), alguna vez vecino del viñedo.

Otra versión remite a Lord Byron. El poeta británico habría dicho durante una visita en 1821: «Este vino ahuyenta como ningún otro las ideas sombrías».

El ex presidente Georges Pompidou parece haber compartido esta opinión dado que los vinos de Chasse-Spleen eran al parecer los favoritos del jefe de Estado. Con un terreno de alrededor de 105 hectáreas, la propiedad forma parte de los grandes dominios de la región de Médoc.

Un viñedo heredado de los padres

Cerca de la entrada al castillo se elevan hacia lo alto dos botas de jardinero de unos cinco metros de altura. La escultura es del artista francés Lilian Bourgeat y, según revela Jean-Pierre, se encuentra aquí por motivos muy personales: antes de que Céline se hiciera cargo del viñedo, trabajaba como paisajista.

Hace alrededor de dos años, la pareja inauguró un centro cultural con el credo de que, si bien el vino genera emociones, las que provoca el arte son mucho más fuertes. La construcción renovada de 300 metros cuadrados, en el estilo «white cube», fue inaugurada con trabajos del artista Rolf Julius, fallecido en 2011.

La historia de Peyrassol se remonta a tiempo atrás

A unos 700 kilómetros, en la región de Provenza, en el sureste de Francia, se encuentran los viñedos de la Commanderie de Peyrassol, un dominio a los pies de la cadena montañosa Massif des Maures.

Su origen se remonta al siglo XIII: miembros de la Orden de los Caballeros Templarios habían fundado allí un refugio para peregrinos que se dirigieran a la Tierra Santa. Un pergamino de 1256 ya da testimonio de un «bon vin franc», un vino bueno y auténtico.

Que arte y vino también se complementan bien aquí ya se reconoce en el camino estrecho que se abre paso por las vides hacia la propiedad. A la izquierda se ven dos copas de vino monumentales del artista estadounidense Dennis Oppenheim (1938-2011) que vuelcan su contenido sobre un lecho de flores rojas. Las esculturas llegaron con el empresario Philippe Austruy, quien adquirió estos dominios en 2001.

Un parque de esculturas con más de 60 obras

Las uvas machacadas fermentan en Peyrassol en enormes contenedores de acero inoxidable que se pueden observar mirando hacia abajo a través del suelo de vidrio de la terraza del edificio principal.

Desde la construcción se tiene además una vista formidable sobre las vides y el parque de esculturas, en cuyo medio está entronizada «Clément», la escultura de latón de 12 metros del artista Jean-Jacques Tosello. Representa a un caballero templario, una referencia a la historia de siglos de Peyrassol.

Hoy en día, este parque de esculturas cuenta con más de 60 obras, entre ellas también un trabajo de Daniel Buren, que asemeja a una pérgola colorida y transforma la entrada a la propiedad en un caleidoscopio. El gran centro cultural de 800 metros cuadrados que tiene una pila por techo y que abrió en 2016 ofrece exposiciones y un panorama de la colección de Austruy.

El Château La Coste, dirigido a los turistas

El irlandés Patrick McKillen también combina vinos y arte en su Château La Coste, especialmente dirigido a los turistas. El viñedo, conocido por su «Rosé d’une nuit», se encuentra en dirección a Aix-en-Provence, a unos 130 kilómetros de Peyrassol. Anualmente produce 700.000 botellas, entre ellas un 60 por ciento de vinos rosados, 30 por ciento de vinos tintos y diez por ciento de vinos blancos.

Desde que este hombre de negocios adquirió este terreno -alrededor de la mitad está dedicado a los viñedos-, La Coste ocupa de tanto en tanto los titulares. La última vez fue en 2016, cuando abrió su hotel cinco estrellas con vistas al parque de esculturas y por el centro de arte desarrollado en 2011 por el arquitecto estrella de Japón Tadao Ando.

La Coste también cuenta con un pabellón musical diseñado por el arquitecto estadounidense Frank O. Gehry. El arquiteco francés Jean Nouvel logró eternizarse en La Coste con la bodega, que se asemeja a un hangar, mientras que con su pabellón de exposiciones logró lo mismo el renombrado italiano Renzo Piano.

Por Sabine Glaubitz (dpa)