Vallina denuncia en Nicosia las políticas de Estados Unidos y sus aliados

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La eurodiputada asturiana Ángela Vallina denunció esta tarde en Nicosia (Chipre) las políticas de derribo a los países de Oriente Medio perpetradas por Estados Unidos y sus aliados y cuyo trasfondo, oculta, dijo, el control de recursos básicos como el petróleo o incluso las reservas de agua dulce. Las revueltas contra estados más o menos consolidados y su éxito se explican, aseguró la parlamentaria, gracias a ese apoyo exterior.

Ángela Vallina, que moderaba en la capital chipriota un debate situación de Oriente Medio después del ISIS, aseguró que el denominado proyecto «del día después· para Siria preveía que el nuevo régimen reconocería a Israel, su alejamiento de Irán y el desalojo de grupos armados palestinos replicando el modelo egipcio. La política en la zona, afirmó la eurodiputada, es de merca conveniencia para las potencias occidentales, como lo demuestra decisiones de Estados Unidos respecto a qué es o no es terrorismo. Un ejemplo, añadió, fue el caso en el que los norteamericanos sacaron a los muyahidines del pueblo iraní (un grupo extremista islámico opositor al Gobierno de Teherán) de su lista de grupos terroristas para luego enviarlos al Líbano para que, desde allí, combatieran el régimen de Al Asad.

En cuanto al control de recursos, en su intervención, Ángela Vallina explicó que Libia disponía de la mayor reserva de petróleo de África, disputada por Francia e Italia, tanto por su calidad, como por su fácil acceso y su cercanía a los mercados europeos. Del mismo modo, la diputada asturiana explicó que la segunda reserva más importante de agua dulce del mundo (la primera es la del lago Baikal) se sitúa, precisamente, bajo el suelo libio. «No es posible ofrecer este dato sin recordar, además, que las empresas francesas controlan ya un 40% del mercado del agua», enfatizó.

La intervención en Libia permitió también la entrada de una cifra de 150.000 millones de dólares libios en las tesorerías de los bancos occidentales, en plena crisis de liquidez y credibilidad, y, además, de 144 toneladas de oro de ese país.

Un mal panorama para Oriente Medio en una situación que, explicó, viene de largo: «sobre las cenizas del orden nacido tras la II Guerra Mundial no se están construyendo nuevos sistemas políticos, se están tejiendo las redes para que Washington y sus aliados sigan con el control de un mundo a su medida, a la medida del capitalismo más despiadado, el mismo en el que esa industria armamentística no conoce la crisis y ve día a día aumentar sus beneficios».