El neuropsiquiatra forense José Miguel Gaona explica en Posesión cómo se desarrolla un exorcismo cuando surgen fenómenos que, según expone, escapan a la lógica.

El neuropsiquiatra forense José Miguel Gaona trata de explicar en ‘Posesión’ (La Esfera de los Libros) «cómo funciona un exorcismo, cuando un paciente ya no puede ser tratado en consulta, porque presenta situaciones excepcionales que van más allá de la lógica (xenoglosia, titanismo, materialización de objetos), fuera del imaginario cinematográfico o literario».
A partir de investigaciones, testimonios y experiencias personales, Gaona se adentra en un territorio donde la psiquiatría, la espiritualidad y el misterio se entrelazan. El autor muestra cómo estas prácticas continúan realizándose hoy en distintas partes del mundo y siguen despertando interrogantes para la medicina, la religión y la sociedad.
El libro analiza casos documentados y comparte conversaciones con figuras clave como el célebre exorcista padre Amorth o el psiquiatra Richard Gallagher, quien describe episodios que desafían la lógica.
En su obra, el autor invita a dudar y a abrir un debate fuera del alcance de las certezas. Este médico neuropsiquiatra forense y escritor español es miembro de la Asociación Europea de Psiquiatría y la Academia de Ciencias de Nueva York y ha investigado terrenos de la conciencia como son las experiencias cercanas a la muerte.
«Cuando eres forense, te hace muchas preguntas sobre el bien y el mal. Y compruebas que, en cada uno de nosotros, conviven esas dos facetas y que son comunes a todas las culturas», asegura.
«Para la Iglesia católica, el exorcismo es superexcepcional y no es un show. Los casos de endemoniados pasan primero por la medicina, sólo un 1 o 2 por ciento de ellos llegan a los exorcistas, porque gran parte de ellos tienen una raíz psiquiátrica», remarca el experto, que define el exorcismo como «la última instancia, gratuito, discreto, administrado únicamente por sacerdotes designados por sus obispos, muy bien preparados».
Ante casos así, agrega, «hay una premisa fundamental en los exorcismos: el alma siempre pertenece a Dios, es el cuerpo al que hay que liberar del mal».
(SERVIMEDIA)
