Nicholas Ávedon es ya un profesional de la escritura. Lo demostró con sus anteriores publicaciones, Histerias ficticias 11,4 sueños luz, pero vuelve a la carga con una nueva entrega de su mundo futurista e implacableLágrimas negras de Brin.

La historia, que puede situarse tanto antes como después de 11,4 sueños luz, rescata a sus bien conocidos protagonistas para ahondar en las problemáticas propias de un mundo exageradamente informatizado. Pero si acaso pareciera que no quedaba mucho por decir sobre ese futuro incierto aunque infinitamente descrito en la ciencia ficción desde hace décadas, Ávedon lo desmiente arrastrando al lector a través de casi quinientas páginas de pletórica acción y filosofía.

La trama tiene lugar en el siglo XXIII y se centra en Grimm, el núcleo y enigma principal de todo cuanto sucede. Su sed de conocimiento lo llevará a conectar con otras personas, tan necesitadas de respuestas y de justicia como él. Será así como comenzará a desarrollarse una historia a caballo entre dos realidades tan cercanas como lejanas, en un intento por encontrar un punto en común donde confluir y cuestionar la esencia misma de los sentimientos humanos.

Se inicia así un camino de autodescubrimiento tanto para él como para el resto de personajes, los cuales tendrán que iniciar una lucha contra el sistema para garantizarse un futuro más prometedor. Pero no será fácil, pues se verán rodeados de una sociedad en proceso de descomposición donde las drogas comercializadas por el propio Estado están siempre presentes, y donde distintas organizaciones criminales y poderosas corporaciones mercantiles harán y desharán a su antojo. Este libro es una distopía voraz que instala el terror en el lector, pues lo que muestra resulta más cercano de lo que nadie pudiera pensar.

Pero si algo destaca en Lágrimas negras de Brin es esa nube permanente de enigmas que nunca encuentran respuesta. Este desamparo no surge de la nada, sino que perfila las bases del género de la ciencia ficción: para construir sobre seguro, es necesario saber con qué propósito se lleva a cabo aquello que se construye. La ética también juega un papel fundamental en ese proceso, sin duda alguna, y nadie es ajeno a los límites morales que el avance en la informatización del medio y el desarrollo de las inteligencias artificiales siguen ignorando. “En mi novela hablo de la deshumanización del hombre y de la humanización de la tecnología, además de su punto de encuentro desde varios personajes complementarios”, comenta el autor.

Así, Ávedon ha dotado también a su historia de un marco ético que está ahí para ser maleado por cada lector; solo este tendrá la oportunidad de darle un sentido a lo que se le presenta. Y es que si el autor ofrece personajes auténticos y situaciones descorazonadoras, también muestra realidades futuras rebosantes de una extraña cercanía y esperanza.

Lágrimas negras de Brin es un libro sobre el autodescubrimiento en un mundo donde la violencia y la ansiedad justifican los actos de la gente, y donde la digitalización amenaza o reconstruye los límites de la naturaleza humana. La frescura de la historia y de su estilo narrativo lo convierten en un libro digno de alinearse con los grandes de la ciencia ficción, y es seguro que esta y sus demás entregas acabarán convirtiéndose en sagas imprescindibles para los amantes del género.