Un estudio publicado recientemente afirma que una dieta saludable puede ahorrar dinero y causar menos emisiones de gases de efecto invernadero que las opciones alimentarias actuales de la mayoría de las personas.

Esa es la conclusión de un nuevo estudio global que examina los costes de los alimentos, la nutrición y el impacto climático en todo el mundo.
Dirigido por investigadores de la Escuela de Ciencias y Políticas de la Nutrición Gerald J. y Dorothy R. Friedman de la Universidad de Tufts (Estados Unidos), el estudio identifica los alimentos disponibles localmente que cubrirían las necesidades nutricionales básicas con el menor nivel posible de emisiones de gases de efecto invernadero y el menor coste económico, y comparó dichas dietas con los alimentos realmente consumidos.
Los hallazgos, publicados en la revista ‘Nature Food’, desafían la creencia generalizada de que una alimentación saludable y respetuosa con el medio ambiente implica pagar más por productos de alta calidad.
“La gente no puede ver ni saborear las emisiones causadas por cada alimento, pero todos pueden ver el precio del artículo y, dentro de cada grupo de alimentos, las opciones menos costosas generalmente causan menos emisiones”, según Wiliam A. Masters, autor principal del estudio.
Mientras los gobiernos y las organizaciones internacionales exploran cómo reducir las emisiones del sistema alimentario sin empeorar la inseguridad para comer, los hallazgos abordan una posible situación en la que todos ganan: dietas saludables que sean, a la vez, más baratas y más respetuosas con el clima.
Masters y sus colegas buscaron identificar qué alimentos serían la forma más sostenible de satisfacer los requerimientos nutricionales, basándose en los objetivos de la Canasta de Dieta Saludable utilizados para el análisis global por agencias de la ONU y gobiernos nacionales alrededor del mundo.
TRES TIPOS
El equipo analizó tres tipos de datos sobre cada alimento: su disponibilidad y precio en cada país, la proporción que representaba del suministro de alimentos de cada país y el promedio global de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a dicho producto.
Para cada nación, modelaron cinco dietas: la más saludable con menores emisiones, la más saludable al menor coste y tres versiones basadas en los alimentos más consumidos.
“En general, elegir opciones más económicas en cada grupo de alimentos es una forma fiable de reducir la huella climática de la dieta”, según Elena M. Martínez, coautora del trabajo, quien añade: “Este nuevo estudio lleva esto a los extremos, preguntándose qué productos podrían satisfacer las necesidades de salud con la menor huella climática posible”.
En 2021, una dieta saludable basada en los productos más consumidos de cada grupo alimentario emitió 2,44 kilos de emisiones equivalentes de CO2 por persona al día y tuvo un coste medio global de 9,96 dólares.
En cambio, la dieta de referencia para minimizar los daños climáticos habría emitido tan solo 0,67 kilogramos y habría costado 6,95 dólares. La dieta saludable diseñada para minimizar el coste monetario habría emitido 1,65 kilos y costado 3,68 dólares.
Un tercer escenario, que combinaba los productos más consumidos con opciones saludables de menor coste, se situó en un punto intermedio, con un coste de unos 6,33 dólares al día y una producción de 1,86 kilos de emisiones, muy por debajo de las dietas habituales, aunque no tan bajo como las opciones más económicas o con menores emisiones.
MENOS COMBUSTIBLES FÓSILES
En la mayoría de los grupos de alimentos, las opciones de menor coste también generan menos emisiones, ya que generalmente utilizan menos combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y generan menos cambios en el uso del suelo.
Sin embargo, en el extremo opuesto de los bajos costes y las bajas emisiones, existen compensaciones en dos grupos de alimentos importantes: los alimentos de origen animal y los alimentos básicos ricos en almidón.
Entre los alimentos de origen animal, la opción más económica suele ser la leche, cuyas emisiones de CO2 equivalente son mucho menores que las de la carne de res y otras carnes. Sin embargo, pescados como la sardina y la caballa se asocian con emisiones aún menores, con un coste por caloría intermedio.
Entre los alimentos básicos ricos en almidón, el arroz suele ser la opción más económica en países donde el trigo o el maíz serían los productos con menores emisiones.
Sin embargo, las emisiones del arroz son mayores que las del trigo o el maíz, ligeramente más caros, según los investigadores, principalmente por el metano emitido en los arrozales inundados. Este metano microbiano provoca mayores emisiones en el arroz, a pesar de ser un alimento más económico.
“Hay situaciones en las que reducir las emisiones cuesta dinero, ya que implica invertir en nuevos equipos y fuentes de energía. Pero en el supermercado, la frugalidad es una guía útil para la sostenibilidad. La mayoría de las personas pueden reducir las emisiones eligiendo opciones más económicas de cada grupo de alimentos, con importantes excepciones en los extremos de las dietas de bajo costo debido al metano de los lácteos y el arroz”, concluye Masters.
