Las zapatillas con placas de carbono, ¿un perjuicio para el deporte?

zapatillas con placas de carbono
Foto: Roland Weihrauch/dpa

(dpa) – No es algo natural lo que está sucediendo en las carreras en ruta. Desde que hace algunos años se crearan unas zapatillas con una placa de carbono incorporada en la suela, las listas de los mejores varían constantemente.

La federación internacional de atletismo World Athletics hubiera podido reducir más el grosor de la suela para mitigar estos saltos de rendimiento. Pero la federación aprobó un modelo del fabricante estadounidense de artículos deportivos Nike y desde entonces se ha producido un aluvión de récords.

El efecto acelerador de este calzado se puede ver en la lista de los mejores: en 2017 cuatro hombres consiguieron tiempos por debajo de las 2:05 horas en una maratón.

Dos años después, fueron 17. En 2016, una mujer corrió una maratón en menos de 2:20 horas. Tres años después fueron 13 las que lo lograron. Además, se mejoraron plusmarcas mundiales en todas las competencias de running, desde la distancia de cinco kilómetros hasta la maratón.

«Estoy seguro de que próximamente se romperán todos los récords alemanes», pronosticó Amanal Petros. El alemán batió el récord alemán de maratón con un crono de 2:07:18 horas en diciembre de 2020 en Valencia, mejorando 3,11 minutos con sus nuevas zapatillas Adidas.

Según aseguró, la diferencia con los modelos anteriores es grande. «La pisada ahora es mucho más intensa. Saltas, por así decirlo. Y por eso toda la sensación al correr es mejor», señaló Petros.

«Estimo que la diferencia puede ser de entre tres y cuatro segundos por kilómetros en una maratón». Eso serían en total unos dos minutos y medio.

También otros atletas confirman que las nuevas zapatillas generan mejorías claras de rendimiento.

«Se reduce la carga de energía sobre las piernas. Cada paso es mucho más cómodo. Constaté que mis tiempos, así como los de otros deportistas, mejoraron en segundos y hasta minutos», dijo Melat Kejeta, que en 2020 mejoró el récord alemán de media maratón con las zapatillas rápidas en dos minutos y medio a 65:18.

Los atletas que están bajo contrato del fabricante Asics hace muy poco que disponen de zapatillas con placa de carbono. «Estoy muy convencido de la calidad del nuevo zapato. Espero que me aporte mucho», dijo Katharina Steinruck, que en la lucha por clasificarse a la maratón de los Juegos Olímpicos quiere mejorar su mejor tiempo de 2:27:26.

«El cansancio llega más tarde, de manera que uno puede correr más tiempo a una velocidad elevada», explicó.

El ex plusmarquista alemán de maratón Arne Gabius también cree que con estas zapatillas innovadoras avanza entre dos y tres segundos más rápido por kilómetro. «Las zapatillas aportan más cuanto más larga es la distancia, menos curvas haya y más plano sea el trayecto», aseguró.

Estos cambios no son vistos por todos con buenos ojos. «Como fan clásico del atletismo lo veo con sentimientos encontrados. Porque los récords de los grandes atletas de repente tienen el valor de una mercadería hecha en cadena», dice Mark Milde, director de carrera de la maratón de Berlín.

«Quién sabe qué hubiera podido correr Haile Gebrselassie con esta zapatilla».

El ex corredor británico de primer nivel Tim Hutchings incluso reclama: «Estas zapatillas deberían prohibirse». En su opinión, la tecnología llevó a que haya aumentos de rendimiento tan altos que el deporte resulte perjudicado.

Pero, a su vez, Gabius considera incorrecto que los récords y rendimientos realizados con las zapatillas anteriores se mantengan congelados en una lista separada.

Katharina Steinruck disiente: «Estoy muy a favor de congelar los mejores tiempos corridos hasta ahora y de llevar dos listas. Quien tiene el mejor material está adelante. Esto no es bueno».

Dado que las zapatillas con carbono en general pierden su efecto tras unos 200 kilómetros, sobre todo en el caso de los más jóvenes, también se plantean otras cuestiones. ¿En el futuro ganarán aquellos que se puedan pagar un par de zapatillas nuevas tras unas pocas semanas?

Por Jörg Wenig (dpa)