Hace poco más de dos décadas, en el año 2000, la vida en Carreño transcurría de manera muy diferente a como la conocemos hoy. Las gestiones cotidianas requerían desplazamientos físicos, las comunicaciones dependían del teléfono fijo o las cartas, y la información llegaba principalmente a través de la televisión, la radio o los medios impresos. En apenas veintiséis años, la revolución digital ha transformado radicalmente no solo la forma en que los vecinos del concejo se relacionan con la tecnología, sino también sus hábitos, costumbres y rutinas diarias.

Del banco presencial a la app móvil: la revolución de las gestiones
Uno de los cambios más evidentes ha sido la digitalización de trámites y gestiones cotidianas. A principios del milenio, cualquier operación bancaria obligaba a acudir a la sucursal: sacar dinero, hacer transferencias o consultar el saldo eran tareas que consumían tiempo y planificación. Hoy, desde el salón de casa o incluso desde la playa de Candás, los vecinos de Carreño pueden realizar prácticamente cualquier gestión financiera en segundos a través de una aplicación móvil.
Los autónomos y pequeños empresarios del concejo han experimentado una transformación similar. Lo que antes implicaba papeleos interminables, desplazamientos a asesorías y largas esperas, ahora se resuelve en gran medida de forma telemática. Declaraciones trimestrales, facturas electrónicas, certificados digitales… herramientas que han simplificado enormemente la vida profesional, aunque también han exigido un esfuerzo constante de adaptación y aprendizaje.
La educación tampoco ha quedado al margen. Los estudiantes de Carreño que en el año 2000 consultaban enciclopedias y acudían a bibliotecas para hacer trabajos escolares, hoy acceden instantáneamente a cantidades ingentes de información. Las plataformas educativas, los recursos digitales y las comunicaciones entre familias y centros escolares han cambiado por completo la experiencia formativa.
Messenger, Tuenti y otras nostalgias digitales
Pero no todo lo que ha llegado se ha quedado. La evolución digital también está llena de herramientas y plataformas que fueron furor en su momento y hoy apenas se recuerdan.
¿Quién no pasó horas chateando por MSN Messenger a mediados de los años 2000? Aquellas conversaciones interminables, los emoticones personalizados, los zumbidos que sobresaltaban la pantalla… Todo eso desapareció cuando llegaron nuevas formas de comunicación instantánea.
Tuenti fue otra de esas plataformas que marcó a toda una generación de jóvenes asturianos. Durante unos años, tener perfil en esta red social era casi obligatorio para mantenerse conectado con amigos y conocidos. Luego, sin que nadie lo viera venir, simplemente dejó de existir en el imaginario colectivo.
Los CD-ROM, el Fotolog, los reproductores MP3, las descargas de música en programas de intercambio de archivos… son parte de esa memoria digital que los más jóvenes de hoy no conocieron pero que forma parte de la historia reciente de Carreño. Herramientas que en su momento parecían revolucionarias y que, con el paso del tiempo, quedaron obsoletas ante nuevas tecnologías más eficientes o simplemente diferentes.
El mundo en un clic: redes sociales y acceso a la información
Quizá uno de los cambios más profundos haya sido la forma en que compartimos y consumimos información. Hace veinticinco años, una fotografía tomada en las fiestas de El Cristo o en el puerto de Candás quedaba guardada en un álbum familiar o, como mucho, se revelaba y compartía con un círculo muy reducido de personas. Hoy, esa misma imagen puede llegar instantáneamente a miles de personas en todo el mundo.
Las redes sociales han democratizado la capacidad de difusión. Cualquier vecino de Carreño puede compartir noticias, denunciar problemas del concejo, mostrar rincones desconocidos o viralizar momentos cotidianos. Esto ha generado una transparencia y una capacidad de movilización ciudadana impensables en el año 2000, pero también ha traído consigo saturación informativa, noticias falsas y una necesidad constante de estar conectado que a veces resulta agotadora.
El acceso ilimitado a información es, sin duda, uno de los grandes logros de esta era. Pero también ha cambiado nuestra paciencia y nuestra forma de procesar contenidos. Donde antes dedicábamos tiempo a leer un periódico completo o a ver un telediario, ahora consumimos información en pequeñas dosis, constantemente, sin apenas detenernos a reflexionar.
Los mayores ante el reto digital
Si hay un colectivo que ha tenido que hacer un esfuerzo descomunal de adaptación, ese es el de las personas mayores. Quienes en el año 2000 ya superaban los sesenta años se han encontrado, en apenas dos décadas, con un mundo completamente diferente al que conocían. De no saber qué era un correo electrónico a realizar videollamadas con nietos que viven en otras ciudades, el salto ha sido enorme.
Muchos mayores de Carreño han aprendido a usar smartphones, a pedir cita médica por internet, a consultar recetas en línea o incluso a realizar compras digitales. No ha sido fácil. La brecha digital ha dejado atrás a quienes no han podido o querido adaptarse, creando situaciones de exclusión en trámites que antes eran sencillos y accesibles para todos.
Sin embargo, también hay historias de superación admirables. Abuelos que dominan las redes sociales mejor que sus propios hijos, personas mayores que han encontrado en la tecnología una herramienta para mantenerse activos, informados y conectados con el mundo. La evolución digital en Carreño también es la historia de esa generación que tuvo que reinventarse cuando pensaba que ya lo había visto todo.
