Saarbrücken (Alemania), 19 feb (dpa) – Annegret Kramp-Karrenbauer es una política de estilo sobrio y poco proclive a los grandes gestos. La conservadora de 55 años comenzó su carrera en la política hace más de tres décadas como concejal en su pueblo natal, Püttlingen, en el suroeste de Alemania, cerca de la frontera con Francia.
Desde entonces, cada vez que fue llamada a ocupar un puesto, lo hizo de manera tan eficiente que no tardó mucho en llegar la próxima promoción.
Ahora, la primera ministra del diminuto estado del Sarre ha sido convocada por la canciller Angela Merkel para ocupar el puesto de secretaria general y por tanto número dos de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) en lugar del dimisionario Peter Tauber. Su nombramiento será sometido a votación en un congreso del partido el 26 de febrero.
La mudanza de Saarbrücken, donde dejará el cargo de primera ministra, a Berlín para desempeñar esta función que también ocupó en el pasado la propia Merkel la convierte automáticamente en la gran esperanza de los conservadores y posible sucesora de la canciller.
«No hay tarea que no se le pueda encomendar a Annegret», dijo el ex jefe de Gobierno del Sarre y correligionario Peter Müller, al nombrar en 2000 a Kramp-Karrenbauer como la primera mujer en ocupar en Alemania un cargo de ministra del Interior regional.
Desde entonces, «AKK», como se la conoce en el Sarre por sus iniciales, ha ganado adeptos dentro y fuera de la CDU. Tras pasar por varios ministerios, en 2011 se convirtió en la primera mujer en dirigir la región más pequeña del país.
Y contra todo pronóstico, en marzo de 2017 arrasó en las elecciones regionales con un 40,7 por ciento e infligió una sonada derrota a los socialdemócratas de Martin Schulz, la primera de una serie que culminó con el peor resultado histórico para la centroizquierda.
Este éxito le valió el respeto de los democristianos y en especial de Merkel. Kramp-Karrenbauer trabaja desde hace años de forma estrecha con la canciller, con la que suele ser comparada por su estilo mesurado y analítico, así como por su tenacidad y capacidad para imponer sus ideas.
Desde 2010 forma parte de la Ejecutiva de la CDU y fue integrante de la delegación democristiana que negoció el acuerdo para la formación de una nueva gran coalición con los socialdemócratas.
«Serena» y «modesta» son algunos de los adjetivos que han acompañado a Kramp-Karrenbauer en su devenir político. Es una persona a la que se le puede creer cuando dice que nunca planeó llegar tan alto. «Me ayudaron muchas coincidencias felices», dice la católica, casada con un ingeniero minero y madre de tres varones adultos.
A los 18 años ingresó en la CDU y descubrió su pasión por la política. Después estudió derecho y política en la universidad.
Para su nueva función en Berlín cuenta con tres características esenciales. Es luchadora, como lo demostró al conseguir más fondos para su «Land» en arduas negociaciones de reparto financiero federal y sabe tratar con los socialdemócratas, con los que gobierna hasta ahora por segunda vez en el Sarre.
Y es optimista. «Tengo siempre confianza, de lo contrario no podría estar en la política». En el partido se espera que pueda devolver la tranquilidad perdida tras las elecciones generales.
Sus interlocutores la describen como una persona abierta y comunicativa, que sabe llegar a la gente. Recientemente fue elegida la segunda jefa regional más querida por los alemanes.
Kramp-Karrenbauer es partidaria de aplicar con más dureza la reglamentación de asilo político. Fue muy criticada en 2015 al abogar por el matrimonio del mismo sexo, algo que es posible en Alemania desde el año pasado. También favorece la apertura del sacerdocio católico a mujeres.
Por Birgit Reichert (dpa)