Aquisgrán (Alemania), 14 mar (dpa) – La activista por los derechos civiles bielorrusa Maria Kolesnikova recibió hoy en la ciudad alemana de Aquisgrán el Premio Carlomagno que le había sido concedido en 2022, pero que no pudo recoger entonces porque se encontraba detenida en su país.

El pasado diciembre, Kolesnikova quedó en libertad. El presidente bielorruso Alexander Lukashenko liberó a más de 120 presos políticos, entre ellos ella, tras la presión ejercida por Estados Unidos.
Al recibir el premio, Kolesnikova hizo un llamamiento a Europa para que se mantuviera fiel a sus valores, incluso en la actual «época de gran incertidumbre».
«Es precisamente ahora cuando se pone de manifiesto lo que realmente define a Europa», afirmó la activista de 43 años en su discurso de agradecimiento pronunciado en el Ayuntamiento de Aquisgrán.
«No es el poder, ni el miedo, ni la violencia. Son las personas que se mantienen unidas, las personas que conservan la dignidad, las personas que defienden la libertad». A veces parece que la «voz de la agresión» es la más fuerte, «Nuestras voces deben ser más fuertes», exigió.
En su discurso, recordó que en Bielorrusia siguen detenidos más de 1.000 presos políticos. «Por eso hoy hablo también en su nombre».
La fuerza de la voluntad humana
El alcalde de Aquisgrán, Michael Ziemons, recordó cómo Maria Kolesnikova formó un corazón con las manos atadas en la sala del tribunal en Bielorrusia en 2021. «Este corazón se ha convertido en un símbolo», afirmó. Un símbolo de «la fuerza de la voluntad humana que no se doblega ante la injusticia».
El Premio Carlomagno está considerado como el galardón más importante por los méritos en favor de la unificación europea. Kolesnikova subrayó que Europa no es solo un proyecto político: «Europa es una comunidad de valores: la dignidad humana, la libertad de expresión, el derecho de las personas a decidir por sí mismas su futuro, y nuestra cultura».
Desde su liberación, Kolesnikova se ha pronunciado en varias ocasiones a favor de una iniciativa diplomática de los Estados de la Unión Europea (UE) hacia Bielorrusia. En Aquisgrán declaró a la agencia dpa que, en la actualidad, los jóvenes de Bielorrusia apenas tienen la oportunidad de conocer la Unión Europea o los Estados Unidos.
«Cinco años más y tendremos una generación más joven que ya no tendrá ni idea de lo que es Europa ni de por qué valores luchamos en 2020. Y eso es, en mi opinión, un gran problema, porque esos jóvenes se volverán entonces hacia Rusia, ya que no conocen ningún camino alternativo, porque no han tenido la oportunidad de respirar el aire de la libertad.»
Kolesnikova contó que había pasado aproximadamente dos años y medio de los cinco que estuvo detenida en régimen de aislamiento, aunque no de forma ininterrumpida. Durante unos tres años no se le permitió ningún contacto con el exterior.
«Es decir, no recibí cartas de mi familia, ni llamadas telefónicas, ni paquetes. Simplemente no supe nada de mi familia y mis amigos, y ellos tampoco recibieron ninguna noticia mía». Sin embargo, la soledad le ayudó a concentrarse por completo en los libros.
Prisionera en compañía de Goethe y Hannah Arendt
Kolesnikova leyó más de 700 libros durante sus años de prisión. «Con los libros nunca se siente uno solo», declaró Kolesnikova a dpa. «Siempre es un diálogo, una conversación con los autores. Siempre se está en buena compañía, se tiene a Shakespeare, a Goethe, a Hannah Arendt».
«En mi mente, en mi alma, no estuve ni un solo minuto en la cárcel; solo mi cuerpo estaba en la celda. Siempre me sentí libre, y eso me ayudó a aguantar todos esos años».
Kolesnikova, flautista de profesión, fue una de las líderes de las protestas masivas en Bielorrusia tras las elecciones presidenciales de 2020, ensombrecidas por acusaciones de manipulación sin precedentes. Fue detenida en septiembre de ese año. Desde su liberación vive en Berlín.
Ahora disfruta de la libertad, en primer lugar, del contacto con su familia, contó, pero también de la música, los conciertos y las exposiciones. «Eso me da mucha, mucha alegría».
Kolesnikova tuvo que volver a acostumbrarse a algunas cosas, por ejemplo, a moverse por el tráfico o a estar en una tienda con mucha gente. Técnicamente, también cambiaron muchas cosas en estos cinco años: «Me alegro mucho de que en Alemania la digitalización también esté avanzando poco a poco».
