Münster (Alemania), 6 nov (dpa) – Un antiguo guardia de las temidas SS nazis deberá responder a partir de hoy a sus 94 años ante la Justicia alemana por complicidad en el asesinato de cientos de personas en el campo de concentración de Stutthof (Sztutowo, en polaco), levantado por la Alemania nazi en Polonia.

Las acusaciones se refieren al período comprendido entre 1942 y 1944, cuando el hombre trabajaba como vigilante en el campo, el primero que el régimen de Adolf Hitler levantó fuera de Alemania.

El juicio contra el nonagenario se realizará en un juzgado de menores de la ciudad de Münster, en el oeste alemán, porque en el momento en el que se produjeron los hechos, el imputado tenía 18 años y era, según las leyes de entonces, menor de edad.

Además, teniendo en cuenta el estado de salud del inculpado, la Justicia alemana ha fijado una duración máxima de cada vista de dos horas y ha dispuesto que el anciano tenga días de descanso entre las 13 sesiones fijadas.

“Imagínese una forma de matar, multiplíquela y se podrá dar una idea de la forma en la que los nazis mataban en los campos de concentración”, dijo el fiscal general de Dortmund, Andreas Brendel, en la antesala del proceso. “Y Stutthof no fue una excepción”.

Brendel está encargado junto con la Policía criminal de Renania del Norte-Westfalia de perseguir los crímenes del nazismo. Es quien encabeza la acusación contra el anciano, que se desempeñó como guardia en Stutthof de junio de 1942 a septiembre de 1944.

Según la Fiscalía, en el tiempo en el que el hombre estuvo destinado en Stutthof, cientos de personas fueron asesinadas en cámaras de gas. Además, muchos otros perdieron la vida a consecuencia de las malas condiciones que regían en el campo, por disparos en la nuca, por envenenamiento o porque los jerarcas nazis los dejaban morir de frío.

Hasta que acabó la guerra en 1945 se calcula que murieron unas 65.000 personas en Stutthof, según datos de la Oficina para la Investigación de los Crímenes de la Segunda Guerra Mundial. “Hubo epidemias de tifus exantemático en Stutthof, los encerraron a los enfermos en barracas y los dejaron morir”, relató Brendel.

El Ministerio Público sostiene que el hombre estaba al tanto de lo que ocurría en el campo de concentración. El acusado, sin embargo, rechazó con anterioridad su participación en las muertes.

Durante décadas, las personas que colaboraron de forma indirecta en asesinatos masivos no fueron llevadas ante la Justicia en Alemania.

El cambio de enfoque judicial que permitió llevar ante el juez a quienes cooperaron con la maquinaria de exterminio nazi vino propiciado por la condena de John Demjanjuk a cinco años de prisión en 2011 por complicidad en más de 28.000 asesinatos en el campo de exterminio de Sobibor.

Le siguieron las condenas de Oskar Gröning, conocido como “el contable de Auschwitz”, y de Reinhold Hanning, guardia de las SS en Auschwitz. Los tres ya fallecieron.

“Los tribunales consideraron que para condenar por complicidad en el asesinato bastaba con haber mantenido en funcionamiento la maquinaria asesina al cumplir tareas generales dentro del campo”, explicó Jens Rommel, director de la Oficina Especial para la Investigación de los Crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

En el caso de Hanning, los jueces estimaron que quedó confirmado que también las condiciones inhumanas y los durísimos trabajos forzados implicaban el asesinato sistemático. “Por ello, ahora son muchos más los que pueden ser juzgados”, señaló Rommel.

La oficina de Rommel deriva unos 30 casos al año a las fiscalías. Últimamente puso en marcha investigaciones contra varios empleados de Auschwitz, así como contra otros que trabajaron en Stutthof, Buchenwald, Ravensbrück y Mauthausen.

Además se han abierto expedientes por crímenes en los campos de Mittelbau, Flössenburg y Gross-Rosen.

Se trata de una labor contrarreloj. “Ninguno de nuestos acusados tiene menos de 91 años”, precisó Rommel. La posibilidad de dar con más personas en condiciones de ser juzgadas es cada vez menor. Una y otra vez deben ser cerrados casos sin que se llegue a un juicio.

Por Florentine Dame (dpa)