Haaland y Sorloth han colocado a Noruega en el escaparate del fútbol mundial. No solo por su nivel individual, sino por el efecto que generan alrededor de todo un país futbolístico. Hoy el fútbol se ve en cada rincón del planeta, cada partido internacional se analiza al detalle y eso provoca que el conocimiento entre entrenadores crezca, las plantillas se refuercen mejor y los resultados inesperados sean cada vez menos inesperados.

La victoria del FK Bodø/Glimt ante el Manchester City por 3-1 en la Champions no debe interpretarse como una tragedia deportiva. El equipo noruego lleva tiempo avisando. Empató en Alemania ante el Borussia Dortmund, repitió resultado frente al Tottenham y ahora confirma su crecimiento compitiendo de tú a tú con cualquiera. El fútbol noruego ya no pide permiso: llama a la puerta.
El Bodø/Glimt ha visitado el Metropolitano y ganado al Atlético de Madrid. A estas alturas, nadie debería subestimar a un rival que ya ha demostrado personalidad y juego en escenarios de máxima exigencia. El respeto al contrario no es cortesía, es pura realidad competitiva.
También la selección noruega ha sellado su clasificación para el próximo Mundial. No es una sorpresa. Es la consecuencia lógica de un progreso constante, de una generación liderada por dos delanteros que seguirán dando que hablar y que están cambiando la percepción del fútbol noruego en Europa.
Noruega ya no es un invitado. Es un actor principal en crecimiento.
Una opinión de Helio de Busto.
