¡Hay un monstruo en el cuarto! Cuando un niño no se puede dormir

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(dpa) – Para muchos padres la hora de dormir se convierte a menudo en un verdadero reto.

No siempre alcanza con completar los rituales diarios, leer un cuento y dar el beso de las buenas noches para que el niño se duerma plácidamente, ya que pocos minutos después se oye el primero de una serie de reclamos.

«Tengo sed», «Tengo que hacer pis», «Creo que hay un monstruo», repiten los niños para llamar la atención de los padres, quienes a más tardar con el «No puedo dormir» comienzan a perder la paciencia.

«¡Duérmete!», es casi siempre la respuesta en tono enfático de mamá o papá.

Sin embargo, hay otras maneras de reaccionar, asegura la experta en educación Nicola Schmidt. «Sobre todo con amor», destaca.

La autora del libro «Erziehen ohne Schimpfen» (del alemán, Educar sin reprender) aconseja a los padres que primero investiguen las causas del insomnio.

Según Schmidt, a menudo las razones típicas son cuatro:

1. El niño no está cansado. «El niño se cansa realmente si ha estado al aire libre y en movimiento todo el día», señala la especialista.

Si un niño ha estado todo en la casa sin salir, su cabeza puede estar cansada pero su cuerpo no.

«A nosotros los adultos nos pasa lo mismo: Después de un día entero en la oficina muchas veces no logramos relajarnos. Los niños se sienten de la misma manera», explica.

2. El niño está cansado, pero la cabeza no. «Este es a menudo el caso de los niños que comienzan la escuela», apunta Schmidt.

Según la especialista, en la cabeza de los niños gira la idea de si pueden hacer frente a las clases del día siguiente. Esa inseguridad los atormenta. También pueden estar ansiosos por la visita anunciada de la abuela.

3. Algunos niños simplemente son demasiado pequeños para dormir solos. Incluso los adultos suelen dormir mejor con un cuerpo caliente a su lado.

¿»Los niños deben dormir solos»?, se pregunta Schmidt e intenta responder tomando la perspectiva de los menores.

Para ella la solución es dejar que el niño se duerma en la cama de los padres y cuando estos se van a acostar llevar al hijo de nuevo a su cama.

Otra opción es acostarse en la cama con el niño hasta que se duerma o dejar que los hermanos duerman juntos en una habitación.

4. Si los padres reaccionan de manera molesta, el estrés se transfiere al niño, «que en ese caso ya no podrá dormirse de ninguna manera», advierte Schmidt.

Estos cuatro escenarios posible demuestran que intentar «enviarlos a la cama y que se duerman no funciona», asegura la experta.

Los padres a menudo invierten mucha energía en enviar a sus hijos a dormirse solos. Sin embargo, Schmidt recalca que es mejor y más saludable usar esa energía para hacer dormir a los niños. Por ejemplo, hacerle masajes en los pies con algún aceite especial o hacer algún juego.

¿Jugar en vez de dormir? «Un juego corto, por ejemplo hacer pizza», señala la autora.

«Le dices al niño: Tú eres la masa, yo te enrollo, te unto con salsa, te cubro con jamón y queso. Mientras uno habla, se le van dando suaves palmadas y caricias hasta que el niño comienza a relajarse. Cuando la pizza está lista para entrar en el horno caliente se tapa al niño con una manta».