Estilo de vida y cambio climático: ¿Yo debo cambiar algo?

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Foto: Andrea Warnecke/dpa-tmn

(dpa) – La pregunta puede resultar engañosa. En realidad debemos irnos adaptando a las circunstancias meteorológicas que se plantean a raíz del cambio climático en nuestra región, es cierto. Pero, por otro lado, también debemos ver qué tipo de vida estamos llevando y evaluar qué podríamos hacer para que la tendencia del gran cambio climático no se acelere.

No estamos solos en este barco. En Alemania, donde este tema está muy presente en la opinión pública y la sociedad en general, las cifras indican que un ciudadano emite en promedio 11,5 toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, es decir, casi 10 toneladas “de más”. El objetivo climático fijado es de 2 toneladas per capita.

Entonces, ¿qué podemos hacer? “El primer paso es admitir que simplemente con tener algo de cuidado no haremos lo suficiente”, sostiene, categórico, Michael Bilharz, experto en cuestiones medioambientales. “La mayoría de las personas creen que cuidar el medio ambiente es algo bueno, pero en su vida cotidiana están tan atrapadas en sus costumbres y estructuras y no dejan de hacer lo que vienen haciendo desde hace años”, lamenta.

¿Qué tipo de estructuras? Utilizar siempre el automóvil y comprar objetos porque sí, por el simple hecho de que están baratos y se nos ofrecen en cantidad, no es muy saludable para el medio ambiente. Salir de este sistema no es del todo sencillo, pero puede lograrse con el impulso político adecuado y con cierto grado de reflexión, de parte de cada uno, sobre cómo vivimos.

Existen algunas páginas en las podemos hacer un cálculo estimativo de cuánto CO2 emitimos. El ministerio de Medio Ambiente de Alemania, por ejemplo, ha puesto una de estas herramientas a disposición en https://uba.co2-rechner.de/de_DE/. Allí uno puede ingresar sus datos, qué tipo de transporte utiliza, qué consume, y la web calculará nuestra huella de carbono y cuánto podríamos ahorrar.

En la vivienda, el mayor consumo pasa por la electricidad y la calefacción. Sería cuestión de ver qué equipos tienen un consumo más eficiente, o si podemos aplicar directamente algún tipo de fuente de energías renovables, por qué no. De hecho las renovables no son necesariamente más caras. Si uno genera una conciencia por el tema, también prestará atención y apagará las luces cuando no las utilice y mantendrá calientes las habitaciones lo estrictamente necesario, no más.

Estas medidas le harán bien al medio ambiente y a nuestro bolsillo. “Cada grado de temperatura en el ambiente puede hacer una diferencia de hasta un seis por ciento en el consumo de energía”, advierte Jens Groger, de un instituto especializado.

En el caso de los electrodomésticos también se pueden repensar algunas cosas. “Por lo general la gente compra unas neveras gigantes que no se condicen con la cantidad de personas que las utilizarán”, advierte Groger. Aunque sean muy eficientes, consumen mucha electricidad. “En el caso del lavavajillas y la lavadora es importante cargarlas bien antes de utilizarlas y elegir temperaturas bajas”, recomienda.

Si observamos cómo funciona la televisión, veremos que las pantallas planas son cada vez más grandes, “lo que hace que, pese a las ventajas de eficiencia que presentan, consuman más que los antiguos aparatos”, asegura Groger. Además, “si uno suele ver televisión a través de un proveedor de streaming, genera en la red 100 kilos de CO2 al año”.

El tema de las luces LED es similar. “Como requieren tan poca energía, muchos ya no ahorran y la mantienen encendida”, lamenta Groger. La gente coloca más luces en una habitación y las deja directamente encendidas. En eso deberíamos ser más consecuentes.

Lo que genera una cantidad enorme de emisiones es el avión. Ese consumo debería reducirse muchísimo, porque “un vuelo europeo genera entre una y dos toneladas de CO2, y los intercontinentales cinco toneladas”, explica el experto. Como alternativa se puede optar por el tren.

Para poder cambiar el estilo de vida a largo plazo es importante establecer ciertas prioridades. Primero podemos cambiar una costumbre, luego otra. Eso nos ayudará a no caer en la sensación de que el cambio climático nos obliga a renunciar a todo. O como diría Groger: “Si hice las últimas compras en bicicleta, puedo batir la crema con la batidora eléctrica sin tener mala consciencia”.

Por Evelyn Steinbach (dpa)