En un escenario que avanza hacia la “normalización” tras los desequilibrios extraordinarios vividos desde la pandemia, la economía global afronta 2026 con un crecimiento más moderado, una inflación todavía resistente y un proceso de ajuste monetario menos lineal de lo que el mercado llegó a descontar.

En este contexto, la gestión de la liquidez, la disciplina financiera y el control del riesgo vuelven a situarse en el centro de la toma de decisiones, tanto para empresas como para inversores. Esta es una información que expone Bulltick en su informe de perspectivas macro para el próximo ejercicio.
Adolfo del Cueto Aramburu, cofundador y CEO de Bulltick Capital Markets, señala que el año se perfila como una etapa de transición en la que la prudencia vuelve a ser una ventaja competitiva: “Cuando el ciclo deja de empujar con fuerza, el diferencial lo marcan las organizaciones que saben anticipar escenarios, proteger caja y controlar su exposición a shocks de mercado”.
Una economía mundial que crece, pero con menos impulso
Las previsiones recogidas apuntan a una continuación de la desaceleración global, aunque gradual y sin sobresaltos, consolidando la fase de normalización posterior a la recuperación histórica de 2021. En términos agregados, se espera que el mundo avance a un ritmo cercano al 2,9% en 2026, ligeramente por debajo del 3,0% con el que concluyó 2025.
El enfriamiento estaría explicado por un menor dinamismo en los principales motores del crecimiento, con China, India, Japón y la zona euro mostrando avances más contenidos. Dentro de este mapa, China e India mantendrían el liderazgo entre emergentes, mientras que las economías desarrolladas crecerían de forma resiliente pero cauta.
Para Del Cueto, el mensaje clave es que el “entorno fácil” se ha terminado, y que la dispersión de resultados —entre sectores, países y activos— puede aumentar: “En 2026, la diferencia entre hacerlo bien y hacerlo mal se amplifica. No basta con tener crecimiento: hay que asegurar liquidez y gobernar el balance con precisión”.
Estados Unidos: resiliencia, con riesgo moderado en el radar
El informe concede un papel especial a Estados Unidos, que seguiría destacando frente a la desaceleración global. El consenso del mercado asigna una probabilidad de recesión en torno al 30% para 2026, por debajo del 40% observado a mediados de 2025 y apenas por encima del promedio histórico.
En el escenario base, el PIB estadounidense crecería alrededor del 2,3%, por encima del 2,0% estimado para 2025 y también por encima del potencial de largo plazo (1,8%). Lo hará a través de un consumo privado sólido, un mercado laboral relativamente estable, condiciones financieras más flexibles y una inversión creciente en inteligencia artificial.
Aun así, Bulltick advierte de que el equilibrio sigue siendo delicado: el mercado puede transitar desde una narrativa de “aterrizaje suave” hacia episodios puntuales de volatilidad si se combinan sorpresas en inflación, tipos o condiciones financieras.
Inflación: el 2% sigue siendo un objetivo, pero no inminente
Uno de los ejes del análisis para 2026 es la persistencia inflacionaria. Bulltick considera poco probable que la inflación estadounidense alcance el objetivo del 2% de la Reserva Federal durante el año, aunque se mantiene como una meta viable en el medio plazo.
Las proyecciones sitúan la inflación en torno al 3,3% a mitad de 2026 y cerca del 2,9% al cierre del año, todavía por encima del objetivo oficial. Esta resistencia estaría explicada, en buena parte, por factores estructurales, con un componente adicional derivado de aranceles que se habría materializado de forma gradual.
En este contexto, la inflación deja de ser una variable “resuelta” y vuelve a condicionar decisiones clave: desde el coste de financiación de las empresas hasta la valoración de activos y la construcción de carteras.
Tipos de interés: una normalización más lenta de lo previsto
La hoja de ruta de la política monetaria también apunta a un año de ajustes prudentes. Tras tres recortes de 25 puntos básicos en 2025, la tasa de referencia habría cerrado ese ejercicio en el 3,75%. Para 2026, el informe contempla una pausa prolongada hasta mediados de año, con la posibilidad de retomar recortes más adelante en función del empleo y la inflación.
Esta expectativa de normalización gradual —y potencialmente menos intensa que lo descontado por el mercado— refuerza una idea central del análisis: la planificación financiera debe basarse en escenarios, no en certezas.
Empleo y fiscalidad: señales de estabilidad, pero con tensiones latentes
En el mercado laboral, Bulltick recoge como referencia el nivel de desempleo considerado óptimo por la Reserva Federal, alrededor del 4,2%, y proyecta un cierre de 2026 cercano al 4,4%. Este dato estaría ligeramente por encima del pleno empleo, pero por debajo del promedio de los últimos 25 años. Refleja un mercado laboral estable, con un ajuste asociado más a menor contratación que a despidos masivos.
En paralelo, el frente fiscal mantiene un papel protagonista en el análisis del riesgo macro. El déficit estadounidense se estimaría en torno al 6% del PIB en 2025, con una deuda pública por encima del 100% del PIB, y podría ampliarse hacia el 6,5% del PIB en los próximos dos años.
Para del Cueto, estos niveles añaden complejidad al horizonte: “Con déficits elevados y necesidades de financiación crecientes, el mercado se vuelve más sensible a la confianza. Y cuando la confianza se pone a prueba, la liquidez deja de ser un concepto teórico: se convierte en capacidad real de maniobra”.
Dólar, petróleo y oro: activos con trayectorias divergentes
El informe también incorpora perspectivas para activos estratégicos que suelen actuar como termómetro del ciclo.
- Dólar: se anticipa una depreciación moderada y más contenida que en 2025, dentro de un rango aproximado de ±3%, favoreciendo cierta estabilidad relativa.
- Petróleo: más allá de episodios geopolíticos transitorios, el escenario base apunta a una caída cercana al 5-6% en 2026, frente al ajuste más brusco de 2025, presionada por una expectativa de sobreoferta global.
- Oro: Bulltick prevé continuidad en la tendencia alcista, aunque más moderada que el salto de 2025. El precio podría superar los 5.000 dólares por onza y acercarse a rangos de 5.400–5.600, impulsado por compras de bancos centrales, demanda institucional vía ETFs, recortes de tipos y una inflación aún resistente.
La lectura conjunta refuerza el argumento de fondo: en 2026 puede haber menos direccionalidad en el mercado y más relevancia de la selección, la cobertura y la gestión de riesgos.
Liquidez y control: dos prioridades para navegar 2026
A la luz de estas proyecciones, Bulltick resume su recomendación en una idea operativa: priorizar liquidez y control. En la práctica, esto significa reforzar tres frentes:
- Resiliencia de caja y financiación: disponer de colchones de liquidez y estructuras de deuda sostenibles ante un entorno donde la inflación no desaparece y los recortes de tipos podrían ser más lentos.
- Gobierno del riesgo: revisar exposiciones a divisa, tipos y materias primas, incorporando stress tests y límites claros de pérdidas y concentración.
- Disciplina en la asignación de capital: diferenciar inversiones estratégicas de gastos prescindibles, protegiendo la capacidad de ejecutar incluso con volatilidad.
“El ciclo de 2026 no premia la improvisación”, concluye Del Cueto. “La ventaja la tendrán quienes se preparen para un crecimiento moderado, una inflación más persistente y una política monetaria paciente, con una gestión que combine caja, método y control”.
Bulltick, firma con presencia en Estados Unidos y orientada a servicios de mercados de capitales y gestión patrimonial, subraya que la estrategia no consiste en “parar”. En realidad, será tomar decisiones más selectivas y robustas, con foco en preservación de capital, flexibilidad financiera y visión de largo plazo.
