Medellín, 28 nov (dpa) – La fuerte violencia que vivió Colombia hace dos décadas a manos de los temidos cárteles del narcotráfico dejó heridas difíciles de sanar, por ejemplo entre los habitantes de Medellín, la ciudad que se hizo tristemente célebre por el capo Pablo Escobar, de cuya muerte se cumplen ahora 25 años.

La ciudad es visitada por miles de turistas que quieren sacarse una foto junto al edificio “Mónaco”, donde residió Escobar con su familia, o visitar la tumba en donde yacen los restos del narcotraficante más conocido de los últimos tiempos.

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, explicó a dpa que el objetivo de su administración es eliminar, poco a poco, el imaginario criminal vinculado al entonces líder del cártel de Medellín.

dpa: ¿Cuál es su opinión frente a aquellos turistas que visitan Medellín con el fin de conocer la historia del narcotráfico ligada a Pablo Escobar?

Gutiérrez: Me gusta partir de la buena fe. Yo no creo que los turistas que nos visitan con esos fines dimensionen el daño que este personaje le hizo a la ciudad y el daño que nos sigue haciendo hoy en día.

Después de haber vivido tanto dolor y miedo -tuvimos más de 46.000 muertes violentas entre 1983 y 1994- nos dedicamos a contar nuestro presente y futuro, y permitimos de manera inconsciente que otros se apropiaran del relato de nuestro pasado. Así, la historia se ha contado desde el punto de vista de los victimarios, y hemos dejado de reconocer y de honrar a las víctimas y a los héroes.

El daño que nos hizo la violencia asociada al narcotráfico es irreparable. Pido al mundo que se solidarice con nosotros del mismo modo que lo ha hecho con Nueva York, con París, con Madrid, y con tantas ciudades que también han sufrido.

dpa : ¿Qué está haciendo Medellín para eliminar este tipo de turismo?

Gutiérrez: Lo que yo quiero, más que eliminar un turismo particular, es ofrecer la versión correcta de la historia. Quiero que los turistas que nos visitan sepan lo que vivió Medellín, con el fin de que nunca se repita.

Estamos trabajando de la mano de operadores turísticos, artistas, víctimas y ciudadanos, en un tour de la memoria que contará las historias de los verdaderos héroes y leyendas: quienes se opusieron a la mafia, sin importar las tentaciones ni amenazas, y quienes se mantuvieron firmes en sus principios. Esos son los referentes que necesitamos para nuestros niños y jóvenes; no queremos más generaciones del mundo soñando con triunfar en el marco de la ilegalidad.

dpa: ¿Por qué considera que derribar el edificio “Mónaco” puede ayudar a desestimular este tipo de turismo?

Gutiérrez: Los símbolos son muy importantes en las sociedades. Más que derribar un edificio, vamos a derribar un símbolo que representa lo peor que vivimos como sociedad. Creo que más que darle luz al hecho de derrumbar el ‘Mónaco’, tendríamos que hablar de la acción posterior que es construir un parque en honor a las víctimas y a los héroes del narcoterrorismo. No tenemos espacios físicos de ciudad destinados especialmente para eso y los necesitamos para cicatrizar la herida que nos dejó ese dolor.

dpa: Comerciantes venden en las calles camisetas, botones, calcomanías con la imagen de Escobar ¿Cómo decirles que se dediquen a vender otros artículos?

Gutiérrez: Este es un tema cultural. El hecho de que como sociedad aceptemos esas ventas es muy preocupante. La gente que hizo tanto daño simplemente no se exalta, ni se enaltece. Creo que el hecho de que esos productos se dejen de vender tiene que ser una consecuencia de un cambio social y cultural: que la gente deje de comprarlos porque se avergüence de llevarlos.

La gran mayoría de la gente se indigna con esa Medellín de Netflix, que no es la Medellín real, y dimensiona lo absurdo que es ver las camisetas de Escobar al lado de las de Superman en las tiendas. Hay que saldar esa deuda narrativa que tenemos como sociedad. Empezamos con generar espacios de ciudad, pero también estamos apostando por sacar series de televisión, libros, obras de teatro, para contrarrestar la narrativa perjudicial que tiene a la mafia como protagonista. Vamos a contar esa fascinante historia de una manera tan atractiva como se ha contado la otra.

Nadie lleva puesta una camiseta con una esvástica, porque después de la Segunda Guerra Mundial hubo un proceso de memoria del que nosotros, por cierto, tenemos mucho por aprender. Pablo no es el problema en sí mismo, pero sí es la cara visible del problema, y por eso se convirtió en un símbolo. La gente tiene que saber todo el dolor que hay detrás del mismo y a partir de ahí ser consciente de que es completamente inmoral hacerle apología a ese nefasto personaje.

RECUADRO INFORMACIÓN ADICIONAL:

FEDERICO GUTIÉRREZ: De 43 años, es ingeniero civil graduado en la Universidad de Medellín y politólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Fue concejal de Medellín entre 2004 y 2011. Llegó a la Alcaldía de su ciudad en 2016 por el movimiento cívico Creemos y estará hasta 2019.

Por Giuseppe Palacino (dpa)