En el contexto catalán contemporáneo, el discurso sobre la memoria histórica se ha convertido en una constante en los espacios institucionales y mediáticos.
Sin embargo, dicha recurrencia no siempre se traduce en acciones tangibles ni en políticas efectivas de conservación. Mientras se desarrollan campañas institucionales centradas en la identidad, las raíces y la historia colectiva, la memoria material —aquella que se manifiesta en edificaciones rurales, instalaciones industriales en desuso y espacios públicos cargados de significado— continúa deteriorándose sin apenas oposición. Masías abandonadas, fábricas en ruinas, colonias obreras cubiertas por la vegetación: todos estos lugares son fragmentos del pasado colectivo que, al no estar debidamente protegidos, corren el riesgo de desaparecer de manera irreversible.
El papel de “Barbut Català” en la denuncia patrimonial
David Sitjes Domenech, ampliamente conocido en redes sociales como Barbut Català, representa una de las voces más visibles y combativas en la denuncia de este fenómeno en Catalunya. Su labor como explorador urbano y creador de contenido centrado en el URBEX (urban exploration) ha adquirido un carácter marcadamente reivindicativo y a la vez, educativo. A través de sus publicaciones en Instagram, TikTok y otras plataformas digitales, documenta semanalmente espacios en desuso que evidencian no solo el abandono estructural, sino también la fragilidad de las memorias colectivas vinculadas a ellos. Su enfoque combina la estética del hallazgo con una narrativa que invita a la reflexión social, patrimonial y política.
Sitjes sostiene que cada edificio en decadencia representa mucho más que un problema urbanístico o una molestia para los planes urbanísticos actuales: constituye una narrativa en riesgo de extinción. “Cuando cae una masía, no solo se pierden unas paredes; se pierde también la historia de una familia, de un oficio, de una comunidad”, afirma con frecuencia. En su opinión, la digitalización de archivos, fotografías antiguas y testimonios orales no puede —ni debe— sustituir la conservación in situde estos espacios, cuya materialidad desempeña un papel fundamental en la construcción de la identidad territorial y de la memoria popular.
La ausencia de políticas públicas efectivas
Una de las principales denuncias que realiza Barbut Catalàes la ausencia de una política pública coherente en torno al patrimonio arquitectónico en riesgo. Catalunya no dispone actualmente de un inventario completo, dinámico y accesible que permita conocer y clasificar el estado real de los inmuebles históricos en situación de abandono. Tampoco existen planes de recuperación integrales ni mecanismos eficaces de financiación local que puedan aplicarse de forma sistemática. “Se destinan recursos a campañas de promoción turística o a festivales institucionales, pero no a conservar espacios que podrían tener un uso comunitario real, como las antiguas colonias textiles”, señala David.