El Principado de Asturias debate su nueva Ley de Infancia y Adolescencia, que en caso de salir adelante podría sustituir a la norma del año 1995 y consolidar un sistema de protección integral para los menores asturianos.

La consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Marta del Arco, ha detallado en la Junta General el contenido del proyecto de Ley de Infancia y Adolescencia, una norma con la que el Principado busca acompañar en la crianza, combatir la pobreza y la violencia e impulsar la igualdad de oportunidades desde los primeros años de vida. «Es una norma abierta, con clara vocación de ejercicio de derechos, de prevención y de protección», valoró la consejera.
El Consejo de Gobierno aprobó el proyecto el pasado 26 de enero. El texto, que ahora se debate en el parlamento, consolida un sistema de protección integral y garantista para niños y niñas y blinda la condición de los menores como personas titulares de derechos. Entre esos derechos se citan específicamente, entre otros, los de igualdad, educación, expresión, libertad de información, libertad ideológica, asociación y reunión, participación ciudadana y cultura, ocio y deporte.
Una ley elaborada con la participación de niños y adolescentes
La norma obliga a incorporar en todas las iniciativas legislativas un informe de impacto en la infancia y la adolescencia. También establece la obligación de elaborar cada diez años un plan estratégico de atención a estos colectivos en el que se definirán las políticas públicas para mejorar su calidad de vida.
El texto sustituye a la ley autonómica de Protección del Menor, que data de 1995 y se ha quedado obsoleta para responder a las necesidades actuales. Con la nueva norma se armonizará la legislación autonómica con la estatal, se reorganizará el sistema de protección y se crearán nuevos órganos de participación infantil.
«Es importante resaltar que la elaboración de la ley se inició con una consulta a niños, niñas y adolescentes en los foros de participación municipales, los centros de protección de menores, los centros escolares y las asociaciones juveniles. Por tanto, es una ley para niños, niñas y adolescentes que cuenta con ellos y ellas», precisó Del Arco durante su intervención.
Principios rectores y nuevos órganos de participación
Entre los principios rectores del proyecto figuran el interés superior de los menores, la consideración de la familia como el entorno más adecuado para su desarrollo, el fomento del buen trato, las perspectivas de género y discapacidad para el diseño de cualquier medida orientada a la infancia y adolescencia, la coordinación entre administraciones, la planificación y la confidencialidad.
Entre las novedades, las personas con 16 años cumplidos podrán participar en la vida política del Principado a través de las iniciativas legislativas populares. La norma plantea también la creación del Consejo Autonómico de Participación de la Infancia y Adolescencia y de los Consejos Municipales de Participación como órganos de consulta y colaboración.
Protección, acogimiento y transición a la vida adulta
Para garantizar una adecuada intervención ante situaciones de desprotección, el texto fortalece la colaboración entre los servicios sociales, el sistema sanitario y la comunidad educativa, así como entre el Principado y los ayuntamientos. Fija igualmente los cauces de cooperación con las fuerzas y cuerpos de seguridad, las familias acogedoras y los medios de comunicación.
El texto mantiene el carácter prioritario de las medidas de prevención y desarrolla de forma más específica los capítulos que las regulan en ámbitos como el familiar, el sanitario o el educativo. Recoge además de forma pormenorizada los plazos y procedimientos de riesgo, desamparo, guarda y tutela.
En materia de acogimiento familiar, ordena las compensaciones económicas e incorpora una novedad: la familia extensa y las personas allegadas recibirán formación específica para poder ofrecer la mejor atención a los menores. En cuanto al acogimiento residencial, la ley regula los programas de preparación para la vida independiente desde los 15 años, así como los de transición a la vida adulta y los apoyos tras la mayoría de edad.
