Múnich/Herzogenaurach (Alemania), 2 sep (dpa) – Tras un trayecto en autobús a través de la noche bávara y habiendo dormido muy poco, el técnico Jürgen Klopp fijó la mirada en el futuro.

Su primera victoria como seleccionador de Alemania le sirve de aval para afrontar el exigente cierre de esta intensa serie de cuatro partidos en la Nations League, este domingo de visita ante Grecia.
El 2-0 cosechado el jueves ante Serbia permitió a Klopp desplegar esa retórica que lo define tanto como su propia visión de lo que debe ser el fútbol.
«Hoy los muchachos salieron con ganas de dar batalla», celebró el técnico, de 59 años, al tiempo que elogió la agresividad sobre el terreno de juego y asegurar que «gracias a eso fue un partido increíble».
Sin embargo, el examen final de su estreno al mando de la selección alemana no será sencillo.
En Salónica buscará tomarse la revancha del 0-1 sufrido en Augsburgo y sentar las bases para clasificar a los cuartos de final del torneo de la UEFA, aplicando de nuevo el sello característico del estilo Klopp.
¿Por qué supuso tanto alivio esta victoria para Klopp?
Tras su primer triunfo, el seleccionador dejó entrever en una frase al pasar el trasfondo de sus emociones, un gesto que reveló mucho más que cualquier celebración efusiva. Confesó que, «por desgracia», se había sentido mal tras la derrota ante Grecia.
¿Y ahora? «Me siento de maravilla porque estoy profundamente feliz y orgulloso de lo que los chicos dieron sobre el campo», comentó.
Frente a Serbia había mucho en juego y «todo» salió según lo previsto, como constató el propio Klopp. Presión, velocidad y agresividad son los rasgos que el técnico suele exigir a sus planteles.
Klopp tuvo que asimilar rápidamente que el factor tiempo, con la selección alemana, jugaba en su contra. El riesgo radicaba en que esa falta de tiempo pudiera interpretarse como una excusa, pero ahora queda claro que el camino marcado por Klopp puede funcionar.
El rival era solo Serbia, un equipo que tendrá serias dificultades para evitar el descenso en la Liga de Naciones.
Aun así, el cambio de dinámica en el conjunto alemán no pasó desapercibido a escala internacional. El prestigioso periódico deportivo francés «L’Équipe» destacó el retorno del «fútbol heavy metal» impulsado por el entrenador.
¿Qué funcionó especialmente bien?
El trío del centro del campo ofreció una gran actuación. Aleksandar Pavlovic como estratega, un Tom Bischof omnipresente y, por supuesto, Florian Wirtz, autor de un gol y asistente de Bischof. Un mago que volvió a jugar libre. La conexión entre los tres fue la chispa del equipo.
Sin pases horizontales ni balones colgados sin destino. Presión sobre el balón, verticalidad hacia los espacios de peligro y velocidad por las bandas. Así es el fútbol con el sello de Klopp.
Sin expresarlo abiertamente, el seleccionador sugirió que este rendimiento representa un anticipo del futuro del fútbol alemán.
Klopp hizo debutar a diez futbolistas en sus primeros tres partidos al frente de Alemania, y cinco de ellos se estrenaron en el duelo ante Serbia: el guardameta Jonas Urbig, Derry Scherhant, Said El Mala, Mika Baur y Vitaly Janelt.
Para el choque ante Grecia quedan aún varios futbolistas por ver: Felix Keidel, Finn Jeltsch y los porteros Finn Dahmen y Noah Atubolu. La lista de quiénes repetirán en la convocatoria de noviembre sigue abierta.
¿Por qué cobra tanta trascendencia el partido con Grecia?
Todo está aún por decidirse en el Grupo B de la Nations League, donde Alemania suma cuatro puntos y tiene ahora más a tiro a Países Bajos (5 puntos) y Grecia (7).
Este domingo el equipo visitará al líder del grupo en Salónica, con la oportunidad de saldar la cuenta pendiente tras el 0-1 en Augsburgo.
La situación es delicada porque una derrota dejaría a Alemania sin posibilidad de alcanzar la primera plaza del Grupo B, que quedaría en manos de Grecia de forma matemática. En cambio, un triunfo daría un gran impulso de cara a las jornadas finales de noviembre, lo que le permitiría depender de sí misma para certificar el pase a los cuartos de final.
Klopp celebró además la reconexión con la afición. Ese factor hizo aún más especial su primer triunfo en el banquillo. «Fue un sueño», comentó en referencia al mar de banderas con los colores negro, rojo y oro, reconociendo que la escena le reconfortó profundamente.
La comunión con los fans es un asunto prioritario para el técnico. «Es exactamente lo que necesitamos. Tenemos que enviar señales y las vamos a enviar», prometió Klopp.
Por Arne Richter, Klaus Bergmann y Christian Kunz (dpa)
