La periodista Marta Solano ha presentado su novela «La ciudad de los girasoles» sobre el robo de niños en países en guerra y reconoció que lloró «mucho» mientras escribía la historia de cuatro hermanos separados por un conflicto bélico.

Durante un acto celebrado en el Ateneo de Madrid, con la participación de los escritores Juan Cruz y Alicia Vallina, Solano explicó que la ficción que narra está inspirada en la invasión militar de Rusia en Ucrania, ya que “habla de no perder la identidad” y de cómo “el enemigo quiere borrar tu historia”.
Como ejemplo, relató que el villancico de las campanas que los protagonistas cantan a lo largo de las páginas está muy arraigado en el país que preside Volodimir Zelenski y su autor era el compositor ucraniano Mykola Leontóvych, al que agentes rusos “mataron por eso” en 1921, tras haberse convertido en un icono nacional.
La idea de la novela se le ocurrió al asistir a una conferencia para un trabajo de investigación de un máster que estaba estudiando hace unos años y, de inmediato, quiso entrevistar a varios expertos para conocer a fondo la realidad del robo de niños en las guerras.
Por eso, los protagonistas de ‘La ciudad de los girasoles’ con cuatro hermanos: Liv, Zorik, Boris y Margarita. Todos ellos viven en un internado tras el fallecimiento de su madre y el envío de su padre al frente para combatir contra el país vecino que trata de invadirlos para adhesionar su territorio y someter a sus ciudadanos a su ideología, cultura y costumbres.
Dos de los niños desaparecen y sus hermanos tratan de rescatarlos durante meses, para lo cual tienen que afrontar multitud de vicisitudes y son testigos de violaciones de derechos humanos. Por eso, Solano confesó que “escribir este libro ha sido como una catarsis”. “He llorado mucho”, admitió.
Ante cerca de un centenar de personas, incluido un representante de la Embajada de Ucrania en España, la periodista señaló que escribir un libro así “te sacude” y a la vez lleva a reflexionar que “somos muy afortunados de vivir en un país en paz”.
Con su habitual alegría y sonrisa perenne, apuntó que la novela contiene de forma transversal que “el optimismo es no perder la esperanza” y aseveró que siempre hay que mantener cierto pensamiento positivo entre los “zarpazos” que da la vida.
“La esperanza no se puede perder porque sin esperanza no se puede vivir, incluso cuando te queda un año de vida”, añadió recordando cuando a su padre le detectaron una leucemia y los médicos pronosticaron con acierto la cuenta atrás de doce meses que le esperaba hasta morir.
