WWF España advirtió durante la semana de que el España no podrá hacer frente a los nuevos incendios forestales extremos, considerados como inextinguibles por muchos especialistas, solo con más medios de extinción si antes «no transforma el territorio, recupera paisajes agroforestales más resistentes y aumenta la inversión en prevención».

La organización lanzó esta alerta tras un 2025 que consideró el peor año del siglo, con cerca de 355.000 hectáreas arrasadas, 63 grandes incendios forestales y una emergencia concentrada en apenas dos semanas, cuando ardió el 90% de toda la superficie quemada durante el año. Coincidiendo con la presentación este jueves de su informe anual, titulado ‘Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio’, reiteró que el pasado año fue uno de uno de los más graves de la serie histórica, con cerca de 355.000 hectáreas quemadas.
El documento subraya que el pasado año marcó un punto de inflexión por «la concentración de incendios de gran magnitud en muy poco tiempo». En solo dos semanas del verano se quemó el 90% de toda la superficie afectada durante el año, una situación que «saturó los medios de extinción, dificultó las evacuaciones y redujo la capacidad de los equipos de emergencias para controlar varios frentes de forma simultánea».
En total, 2025 dejó ocho personas fallecidas, 79 heridas y más de 42.000 evacuadas. Aunque el número total de siniestros descendió hasta 8.199, WWF advirtió de la gravedad de los episodios: se registraron 63 ‘grandes incendios forestales’, aquellos que superan las 500 hectáreas, y 47 de ellos se produjeron solo en agosto. Además, cinco superaron las 20.000 hectáreas.
Uno de los focos más preocupantes fue el noroeste peninsular, donde se concentraron 32 grandes incendios forestales y el 75 % de la superficie afectada en España. Para WWF, estos datos confirman las advertencias que ya lanzó en 2018 en el informe ‘El polvorín del noroeste’.
NUEVO CONTEXTO CLIMÁTICO
La organización sostiene que estos incendios muestran los límites de un modelo que considera “obsoleto” ante el nuevo contexto climático. Según sus datos, actualmente el 78 % de los recursos se dedica a la extinción, con entre 600 y 700 millones de euros al año, mientras que solo un 12 % se destina a prevención, gestión forestal y adaptación del paisaje, unos 180 millones anuales.
WWF identifica en su informe como principales factores de riesgo «la crisis climática, la escasa inversión en prevención, el uso arraigado del fuego en el entorno rural, el abandono del paisaje agroforestal, la falta de gestión forestal y la ausencia de una planificación territorial suficiente».
Recuerda que el 95% de los 8.800 incendios forestales que se producen de media cada año tienen origen humano, principalmente «por el uso del fuego como herramienta de gestión en zonas rurales». El cinco por ciento restante corresponde a rayos, por lo que la organización considera que existe un amplio margen para evitar muchos siniestros. También llama la atención sobre el desconocimiento de las causas. Según el informe, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico desconoce el origen de más del 12% de los incendios, mientras que el Seprona estima que hasta el 60% no llegan a esclarecerse.
A ello se suma, según WWF, la desinformación y la difusión de bulos en medios y redes sociales durante las crisis por incendios. La organización advierte de que este fenómeno «desplaza el debate público de las causas reales y dificulta la adopción de soluciones basadas en la ciencia».
“Necesitamos un cambio de estrategia que vaya más allá de la extinción y aborde una gestión integral basada en la prevención y la adaptación del territorio hacia mosaicos agroforestales, una planificación territorial preventiva y recursos suficientes para hacer frente a las emergencias”, explicó la especialista en incendios forestales de WWF España Lourdes Hernández.
La organización considera necesario «un amplio acuerdo político para abordar la prevención y adaptación del territorio ante el riesgo de incendios forestales». Valora como punto de partida la iniciativa de un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, pero advierte de que «debe traducirse en compromisos concretos, financiación suficiente y políticas coherentes que integren biodiversidad, agua, energía, producción de alimentos y territorio».
PAISAJES RESILIENTES
El informe defiende que la recuperación de usos agroforestales tradicionales, como la ganadería extensiva y la agricultura, junto con la restauración ecológica, son las mejores herramientas para diseñar paisajes más resilientes y ecosistemas mejor adaptados a la crisis climática. Entre sus propuestas, WWF reclama aumentar la inversión en prevención y adaptación del territorio; identificar y cartografiar zonas de alto riesgo de incendio y zonas estratégicas de gestión; impulsar mosaicos agroforestales; apoyar actividades como la ganadería extensiva y los cultivos tradicionales; y gestionar cada año al menos el uno por ciento de la superficie forestal a escala nacional.
También pide un Plan Nacional de Restauración Ecológica «ambicioso», planes de autoprotección en la interfaz urbano-forestal, una metodología nacional homogénea de evaluación y planificación, financiación adecuada para la resiliencia territorial y una «fiscalidad verd»e basada en el principio de que “quien contamina paga y quien conserva recibe”.
