La OMS ha activado una respuesta internacional para frenar el brote de ébola detectado en República Democrática del Congo y Uganda, causado por una variante sin vacuna ni tratamiento autorizado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha activado una respuesta internacional “a contrarreloj” para contener el brote de ébola causado por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, una variante para la que no existen ni vacunas ni tratamientos autorizados.
Así lo confirmó este viernes el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, durante una rueda de prensa en Ginebra en la que alertó de «la rápida propagación de la epidemia y de la necesidad urgente de desplegar soluciones médicas aún en fase experimental».
“El brote se está propagando rápidamente”, señaló Ghebreyesus, quien precisó que, aunque hay 82 casos confirmados y 7 fallecimientos, la magnitud real podría ser muy superior, con cerca de 750 casos sospechosos y 172 muertes registradas. Este desfase refleja, según la OMS, «una transmisión inicial no detectada durante semanas en zonas con graves problemas de seguridad y acceso sanitario», lo que ha favorecido una «expansión silenciosa del virus antes de su identificación».
El elemento que marca la diferencia en este brote es el patógeno implicado. A diferencia de otras epidemias recientes de ébola (principalmente causadas por la cepa Zaire, frente a la que sí existen vacunas y terapias eficaces), el virus Bundibugyo carece de herramientas médicas específicas.
“No hay vacunas ni terapéuticas aprobadas”, subrayó Ghebreyesus, quien puso de relieve un «vacío científico y sanitario» que obliga a actuar en paralelo en investigación y respuesta sobre el terreno.
Como “no hay vacunas ni terapias aprobadas”, la OMS ya está coordinando una movilización acelerada de su red global de investigación y desarrollo, implicando a organismos como CEPI, el Fondo Mundial y la Fundación Gates, para «revisar de forma urgente el catálogo de contramedidas médicas disponibles o en desarrollo». El objetivo es «identificar opciones viables que puedan probarse y, eventualmente, desplegarse en mitad de la emergencia», indicaron.
ENSAYOS CLÍNICOS EN PREPARACIÓN
El comité científico de esta organización confirmó que ya prepara ensayos clínicos en pleno brote, «una estrategia compleja pero imprescindible ante la falta de alternativas». Un grupo técnico recomendó priorizar «dos anticuerpos monoclonales que ya fueron utilizados contra otras variantes del ébola y que podrían tener eficacia frente al Bundibugyo». Al mismo tiempo, se evalúa el antiviral ‘obeldesivir’ como profilaxis postexposición en personas de alto riesgo.
La científica jefe de la OMS, Sylvie Briand, explicó que estos tratamientos de emergencia forman parte de un proceso de “reutilización” de fármacos ya existentes, adaptados a una nueva variante para la que no hay terapias diseñadas. “Hacemos un inventario de todas las opciones potencialmente útiles y las priorizamos en función de su seguridad y eficacia”, indicó. Este enfoque «permite ganar tiempo en un escenario en el que desarrollar nuevos medicamentos desde cero sería inviable a corto plazo».
Sin embargo, antes de su uso generalizado, estos tratamientos deberán someterse a protocolos clínicos estrictos. “Un paso clave es acordar un protocolo que proteja a los pacientes y permita recoger datos significativos”, añadió Briand, quien subrayó que estos ensayos «deben cumplir estándares éticos y regulatorios y contar con el aval de las autoridades nacionales».
DESPLEGAR CIENTÍFICOS CAPACITADOS
El proceso, además, cuenta con obstáculos logísticos y burocráticos: desde la aprobación por comités éticos hasta la importación de medicamentos en zonas afectadas por el conflicto. “El tiempo depende de la disponibilidad de los productos y de la aprobación de los protocolos en cada país”, señalaron este viernes responsables de la OMS, quienes también destacaron la necesidad de «desplegar personal capacitado para implementar los ensayos sobre el terreno».
En paralelo, la OMS está evaluando posibles vacunas candidatas, aunque reconoció que «su despliegue no será inmediato». Entre las opciones en estudio figura una vacuna específica contra Bundibugyo basada en tecnología similar a la utilizada contra la cepa Zaire, pero actualmente no hay dosis disponibles y, en el mejor de los escenarios, «su desarrollo podría requerir entre seis y nueve meses». Otros proyectos, como una vacuna basada en adenovirus desarrollada por la Universidad de Oxford y el Serum Institute de India, siguen en fases preliminares.
Ante esta falta de herramientas inmediatas, la respuesta se apoya en las medidas clásicas de control de epidemias: detección rápida de casos, rastreo de contactos, aislamiento durante 21 días y movilización comunitaria. “Cuando no hay tratamiento ni vacuna, esta es la única forma de interrumpir la transmisión”, explicó la responsable de la OMS en la RDC, Anne Ancia, quien desde el primer día trabaja sobre el terreno e intervino en la rueda de prensa de este viernes, por videoconferencia, mientras se desplazaba en la parte trasera de un vehículo hacia una de las zonas afectadas.
“El aumento del número de casos puede indicar que estamos descubriendo la verdadera escala del brote”, señaló, ya que una «detección más intensiva suele ir acompañada de un repunte inicial de las cifras».
100.000 DESPLAZADOS POR CONFLICTOS
No obstante, las condiciones en el este del Congo complican enormemente la respuesta. Más de 100.000 personas han sido desplazadas por el conflicto en los últimos meses, mientras que millones dependen de ayuda humanitaria y el sistema sanitario presenta graves carencias, explicó Ancia. A ello se suma la desconfianza hacia las autoridades y la comunidad internacional, un factor «que ya ha condicionado anteriores brotes de ébola».
El brote de Bundibugyo se convierte así, según explicó la OMS, en un «test crítico para la preparación global frente a amenazas emergentes». Más allá de su evolución inmediata, «está poniendo en evidencia una debilidad estructural: la dependencia de herramientas desarrolladas para patógenos conocidos», frente a variantes menos frecuentes que pueden desencadenar nuevas emergencias sin contar con respaldo terapéutico.
