Una investigación internacional con participación del Instituto de Salud Carlos III alerta de que el cambio climático puede favorecer la expansión de la leptospirosis en Europa.

Un estudio internacional con participación del Instituto de Salud Carlos III (IscIII) advierte de que el cambio climático y los cambios medioambientales pueden aumentar el riesgo de leptospirosis en Europa, una zoonosis potencialmente mortal que hasta ahora era más común en regiones tropicales.
La investigación, publicada en ‘The Lancet Regional Health-Europe’, concluye que el aumento de temperaturas y las condiciones de mayor humedad elevan el riesgo de transmisión de esta enfermedad y pueden favorecer su expansión geográfica y estacional. El trabajo combina datos epidemiológicos recogidos entre 2010 y 2023 con indicadores climáticos y medioambientales, según informó el IscIII.
La publicación coincide con la alarma internacional generada por el brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, fondeado frente a Cabo Verde y pendiente de su traslado a Canarias. Según la información oficial facilitada por el Gobierno español este miércoles, el barco registra varios casos de hantavirus, tres fallecidos y 14 españoles a bordo. Cabo Verde confirmó la llegada de un primer avión ambulancia para evacuar a tres enfermos, mientras que el Ejecutivo español y la Organización Mundial de la Salud OMS acordaron que el crucero desembarque finalmente en las Islas Canarias.
ORINA DE ROEDORES
Aunque se trata de enfermedades distintas, tanto el hantavirus como la leptospirosis son zoonosis vinculadas a animales. En el caso de la leptospirosis, la transmisión se produce principalmente por contacto de piel erosionada o heridas con agua o terrenos contaminados por orina de animales infectados, especialmente roedores. La enfermedad suele provocar fiebre y dolores musculares, pero en los casos graves puede causar fallos hepáticos y renales.
El estudio, coordinado desde el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea en Sevilla, cuenta con la participación del Centro Nacional de Epidemiología y de la Escuela Nacional de Sanidad (ENS-IscIII). En concreto, han participado las investigadoras Rosa Estévez Reboredo, del CNE-ISCIII y CIBERESP, y María Blázquez Arroyo, de la ENS.
Los resultados señalan que el riesgo es mayor en regiones cálidas, muy pobladas y cercanas a la costa, y que aumenta en los meses finales del verano. También apuntan a que la reducción de biodiversidad puede elevar el riesgo de transmisión y a que la presencia de asentamientos humanos próximos a zonas boscosas puede relacionarse con una mayor exposición.
De cara al futuro, la investigación prevé que la leptospirosis pueda extenderse hacia regiones del norte y centro de Europa, históricamente menos afectadas por su clima más frío. En conjunto, la principal tendencia sería una expansión tanto geográfica como estacional, con más territorios afectados y un riesgo prolongado durante más meses del año.
VIGILANCIA ‘ONE HEALTH’
El trabajo recomienda reforzar los sistemas de alerta temprana mediante modelos espaciales y temporales, así como integrar estrategias de vigilancia One Health, que conecten salud humana, animal y ambiental para anticipar brotes, orientar las intervenciones y mejorar la respuesta de salud pública frente a enfermedades sensibles al clima. Según el ISCIII, estas herramientas permitirían anticipar brotes y facilitar respuestas de salud pública más rápidas y dirigidas frente a zoonosis sensibles al clima.
La leptospirosis es una enfermedad zoonótica desatendida causada por bacterias del género Leptospira, con impacto tanto en la salud humana como animal. A escala mundial, la última revisión sistemática estimó que puede causar alrededor de un millón de casos y 60.000 muertes al año, aunque su «carga real probablemente está infravalorada por las dificultades diagnósticas y la infranotificación». En Europa, los casos se asocian sobre todo a exposiciones laborales o recreativas, como agricultores, veterinarios, trabajadores de alcantarillado o actividades acuáticas.
El trabajo subraya que la leptospirosis es una infección sensible al clima, condicionada por lluvias, inundaciones, humedad del suelo y temperatura. Los autores citan episodios extremos recientes, como la DANA de 2024 en Valencia, como ejemplo de fenómenos que han aumentado la preocupación por la posible reemergencia de esta enfermedad en Europa bajo nuevas condiciones climáticas. El informe concluye que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el cambio climático será clave para mitigar el riesgo futuro de leptospirosis.
