Hay titulares que no son una frase bonita ni una postal. Son una realidad. El Real Oviedo en Primera División es hoy un hecho. Y no llegó por regalo, ni por suerte. Llegó por trabajo, por insistencia y por una afición que nunca abandonó a su equipo.

El Oviedo rozó el ascenso ya en la primera temporada del nuevo proyecto. Aquel playoff ante el Espanyol quedó grabado en la memoria de una hinchada que llenó un estadio rival para empujar a los suyos. Después vinieron años duros, de sufrimiento y de espera. Veintitrés años largos para una afición fiel, paciente y orgullosa.
Y en ese camino aparece un nombre propio: Santi Cazorla. Un jugador que no solo aporta fútbol. Aporta identidad, ilusión y carácter. Desde su llegada, el equipo cambió. Con él, el Oviedo dejó de mirar al pasado y empezó a creer en el futuro. Si no hubiera fichado, probablemente el rumbo seguiría siendo incierto.
Cazorla quiere jugar. Y si quiere jugar, es porque sabe que puede marcar diferencias. Ya lo demostró en escenarios grandes, en el Metropolitano y en el Tartiere. Por eso pido que no se desafíe a la grada. La afición quiere ver a Cazorla en el campo. Y tiene razón. El equipo pierde creatividad sin él. El domingo entró con el partido ya resuelto. La gente no quiere homenajes tardíos. Quiere ganar con Cazorla liderando.
Cuando fichó, también hubo dudas y pesimismo. Y el tiempo dio la respuesta. Hay que mentalizarse en ganar, en competir y en creer. Se puede ganar con Cazorla.
Queda liga. Queda camino Pero una cosa ya es verdad:
El Real Oviedo en Primera es presente.
Una opinión de Helio del Busto.
