La factura de la luz y el gas preocupa cada vez más a las familias. Los precios de la energía han subido considerablemente en los últimos años, y todo indica que se mantendrán altos durante bastante tiempo. Además del impacto económico, el consumo energético tiene consecuencias ambientales directas. Reducir el gasto energético en el hogar no solo ahorra dinero, también contribuye a disminuir la huella de carbono. Afortunadamente, existen medidas sencillas y efectivas que cualquier hogar puede implementar para consumir menos energía sin renunciar al confort.

Aislamiento y climatización
Gran parte de la energía consumida en un hogar se destina a calefacción y aire acondicionado. Si la vivienda está mal aislada, ese calor o frío se escapa rápidamente, obligando a los sistemas de climatización a trabajar constantemente. Mejorar el aislamiento es una de las inversiones más rentables a largo plazo.
Las ventanas son puntos críticos de pérdida de calor. Si son antiguas y de cristal simple, sustituirlas por ventanas de doble acristalamiento reduce drásticamente las pérdidas energéticas. Si cambiar las ventanas no es viable, instalar burletes en marcos y puertas ayuda a sellar rendijas por donde se escapa el calor. Las cortinas gruesas o estores térmicos también aportan aislamiento adicional durante la noche.
Mantener la calefacción a una temperatura razonable, entre 19 y 21 grados durante el día y 16 o 17 por la noche, reduce significativamente el consumo. Cada grado adicional aumenta el gasto energético alrededor de un siete por ciento. Usar termostatos programables permite ajustar la temperatura según las horas del día y evita mantener la calefacción encendida cuando no hay nadie en casa.
En verano, cerrar persianas y cortinas durante las horas de más calor impide que el sol caliente excesivamente el interior. Ventilar la casa por la noche y temprano por la mañana, cuando el aire es más fresco, ayuda a mantener una temperatura agradable sin necesidad de aire acondicionado constante.
Electrodomésticos eficientes
Los electrodomésticos representan una parte importante del consumo eléctrico del hogar. Al comprar uno nuevo, elegir modelos con etiqueta energética A o superior garantiza un menor consumo a largo plazo. Aunque el precio inicial pueda ser algo mayor, el ahorro en la factura eléctrica compensa la diferencia en pocos años.
La nevera y el congelador funcionan las veinticuatro horas del día, por lo que su eficiencia es crucial. Mantenerlos a la temperatura adecuada (4 o 5 grados la nevera, -18 el congelador) y no abrirlos innecesariamente reduce el consumo. Descongelarlos regularmente si forman escarcha también mejora su eficiencia.
La lavadora y el lavavajillas consumen más energía cuando funcionan con agua caliente. Utilizar programas de baja temperatura o en frío siempre que sea posible reduce notablemente el gasto. Además, usarlos solo cuando estén llenos optimiza cada ciclo de lavado.
Desconectar completamente los aparatos electrónicos cuando no se usan, en lugar de dejarlos en modo espera, elimina el consumo fantasma. Cargadores, televisores, ordenadores y otros dispositivos siguen consumiendo electricidad en standby. Usar regletas con interruptor facilita desconectar varios aparatos a la vez.
Iluminación eficiente
La iluminación representa alrededor del diez por ciento del consumo eléctrico de un hogar. Sustituir las bombillas incandescentes o halógenas por LED reduce drásticamente el gasto. Las bombillas LED consumen hasta un ochenta por ciento menos de energía y duran mucho más tiempo.
Aprovechar al máximo la luz natural también ayuda. Mantener limpias las ventanas, usar colores claros en paredes y techos que reflejen la luz, y distribuir adecuadamente los muebles para no bloquear la entrada de luz son medidas sencillas pero efectivas.
Apagar las luces al salir de una habitación parece obvio, pero es un hábito que no siempre se practica. Instalar detectores de presencia en zonas de paso como pasillos o escaleras puede ser útil para evitar luces encendidas innecesariamente.
Agua caliente
Calentar agua consume mucha energía. Reducir la temperatura del termo a 60 grados es suficiente para el uso doméstico y evita consumos excesivos. Duchas cortas en lugar de baños, y cerrar el grifo mientras se enjabonan las manos o se cepillan los dientes son gestos sencillos que ahorran agua caliente y, por tanto, energía.
Instalar reductores de caudal en grifos y duchas reduce el consumo de agua sin afectar al confort. Estos dispositivos mezclan aire con el agua, manteniendo la sensación de presión pero utilizando menos litros.
El ahorro energético en el hogar no requiere grandes sacrificios. Con pequeños cambios de hábitos, inversiones moderadas en aislamiento e iluminación eficiente, y un uso consciente de electrodomésticos y climatización, es posible reducir considerablemente la factura energética y contribuir a un consumo más sostenible.
