Hace veinte años, consultar un trámite administrativo en Carreño significaba coger el coche, buscar aparcamiento y esperar turno. Informarse de lo que pasaba en el concejoo dependía del boca a boca o de un periódico en papel. Hablar con alguien que vivía lejos costaba dinero y se hacía desde un teléfono fijo. No era mejor ni peor. Era lo que había. Lo que ha pasado desde entonces no tiene precedente en la historia reciente: en dos décadas, la vida cotidiana de las personas ha cambiado más que en el siglo anterior.

Carreño no ha sido ajeno a ese cambio. Y como en cualquier sitio, el cambio ha traído cosas buenas, ha dejado a algunos atrás y ha generado preguntas que todavía no tienen una respuesta clara.
De no tener acceso a tenerlo todo en el bolsillo
A principios de los 2000, internet era algo que se usaba en casa, despacio, con ruido de módem y con paciencia. Las redes sociales no existían. Los teléfonos móviles servían para llamar y poco más. La información local llegaba tarde y por canales limitados.
Hoy el móvil permite consultar la vida laboral, pedir cita médica, hacer la declaración de la renta, renovar el DNI, gestionar el banco, comunicarse por mensajería instantánea, seguir la actualidad del municipio en tiempo real y acceder a prácticamente cualquier servicio público sin moverse de casa. Lo que antes exigía desplazamiento, espera y horario de oficina, ahora cabe en una pantalla y en cinco minutos.
Eso tiene un valor real y concreto para la gente que vive en un municipio como Carreño. Menos viajes, menos trámites presenciales, más autonomía para gestionar la propia vida sin depender de terceros.
Los que se han quedado en el camino
El problema es que no todo el mundo ha hecho ese recorrido al mismo ritmo. Las personas mayores son el ejemplo más visible, pero no el único. Hay gente de mediana edad que usa el móvil a diario y sin embargo no sabe cómo pedir una cita online, consultar una notificación de Hacienda o acceder a los servicios digitales del Ayuntamiento. No es una cuestión de inteligencia ni de interés. Es una cuestión de que nadie se lo ha enseñado.
Para una persona mayor que ha vivido toda su vida con trámites presenciales, enfrentarse a una sede electrónica, un certificado digital o una aplicación del Gobierno puede ser tan desconcertante como lo sería para cualquiera de nosotros leer un contrato en otro idioma. La tecnología avanza, los servicios se digitalizan y la administración empuja hacia lo online, pero la formación para entender todo eso no siempre llega a quien más la necesita.
Una brecha que no es solo de edad
Sería fácil reducir el problema a una cuestión generacional, pero no es tan sencillo. Hay jóvenes que dominan las redes sociales y sin embargo nunca han hecho una gestión digital con la administración. Hay adultos de cuarenta años que no saben qué es un certificado digital ni para qué sirve. La brecha no separa solo a mayores de jóvenes, separa a quienes han tenido acceso a formación y acompañamiento de quienes no.
Y en Carreño, donde una parte importante de la población es mayor y donde los servicios presenciales se reducen progresivamente, esa brecha tiene consecuencias prácticas. Quien no puede gestionar sus trámites de forma digital depende de un familiar, de un vecino o de desplazarse a otra localidad para hacer algo que debería poder resolver solo.
La educación digital, una asignatura pendiente
Trabajar en la alfabetización digital en Carreño de forma más activa no es una idea futurista. Es una necesidad presente. No se trata de enseñar a todo el mundo a programar ni de convertir el municipio en un hub tecnológico. Se trata de que cualquier vecino sepa pedir una cita médica por internet, consultar una notificación oficial, usar una aplicación de gestión básica o comunicarse digitalmente sin necesitar ayuda cada vez.
Hay municipios que han puesto en marcha talleres regulares, puntos de atención digital y programas de acompañamiento para quienes más lo necesitan. No son iniciativas complejas ni especialmente caras. Son, sobre todo, una decisión de prioridad. Carreño, todo sea dicho es uno de ellos, pero aún tiene margen para avanzar en ese terreno.
