Múnich, 13 mar (dpa) – Horst Seehofer, el socio conservador de la canciller alemana, Angela Merkel, y uno de sus aliados más díscolos se despidió hoy de la jefatura de Gobierno de Baviera en la víspera de jurar su cargo como ministro del Interior en Berlín, como miembro del nuevo Gobierno germano.
«Mi base va a seguir siendo Baviera (…). Todavía está por ver si busco una vivienda en Berlín o si me quedo en el sótano del ministerio», señaló el veterano político, de 68 años, tras presidir hoy su último Consejo de Gobierno en Múnich.
El barón de la conservadora Unión Cristianosocial (CSU), que gobernaba la próspera región del sur de Alemania con mayoría absoluta desde hace nueve años, hace las maletas para instalarse en la capital alemana tras poner fin a la lucha de poder que mantenía con su principal rival interno, su hasta ahora ministro de Finanzas, Markus Söder, que pasará a convertirse en su sucesor.
Su salida del Gobierno regional, no obstante, no va ligada a un abandono de la cúpula partido, que el político conservador continuará presidiendo de aquí en adelante.
Seehofer luchaba por su supervivencia política desde las elecciones generales del pasado septiembre, en las que su agrupación, acostumbrada a obtener mayorías absolutas, obtuvo un 38,8 por ciento de los votos.
La CSU fue el partido más castigado en las urnas, con una pérdida de casi diez puntos respecto de 2013. Esto coincidió con el meteórico ascenso de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) tras la llegada en 2015 y 2016 de más de 1,2 millones de refugiados.
El resultado y los temores de perder la mayoría absoluta en los comicios regionales que este año se celebrarán en Baviera desataron luchas intestinas entre Seehofer y Söder.
Söder, de 50 años, resultó ganador de la contienda. El político será elegido este viernes primer ministro bávaro y a final de año se convertirá también en el candidato de la CSU a los comicios regionales en las que la CSU buscará retener la mayoría absoluta.
Por ese entonces, Seehofer estará previsiblemente muy asentado en su sillón de ministro del Interior. Como responsable de la política migratoria quizás vuelva a poner en más de un apuro a su aliada Angela Merkel. Ya en el pasado, en su condición de dirigente del estado al que llegaron la mayoría de refugiados en 2015, no dudó en criticarla en público de una manera humillante, incluso sin importarle que la canciller estuviera presente.
Por María Prieto (dpa)