¿Cómo llegó el fipronil a contaminar huevos en Europa?

(dpa) – Lo que está permitido en perros y gatos no vale para las gallinas: el insecticida fipronil, que se usa desde los años 90 como pulguicida en mascotas y cebos para hormigas, está prohibido en animales destinados al consumo humano por la legislación de la Unión Europea (UE).

Sin embargo, en la última semana, millones de huevos procedentes de Bélgica, Holanda y Alemania han sido retirados de las tiendas después de que se detectara en ellos fipronil.

Ahora Europa ya sabe por qué: aunque no se suministre con la comida y se use para rociar los gallineros como método de desinfección, las gallinas lo absorbieron a través de la piel, las vías respiratorias, al picotear por ahí, explica Manfred Kietzmann, experto en Farmacología de la Escuela Superior de Veterinaria Hannover.

La sustancia se acumuló en las células que intervienen en la formación de la yema, los folículos, señala Kietzmann. “Por eso el fiponil se encuentra principalmente en las yemas”, añade. Esto se debe a que el fipronil es lipófilo, es decir, que tiene afinidad por los lípidos. La maduración del huevo en la gallina lleva unos diez días. “Esto quiere decir que la sustancia activa que se encuentra acumulada en el folículo se encontrará diez días después en el huevo”, dice.

Dado que las sustancias químicas se acumulan muy rápidamente en el cuerpo de las gallinas y terminan luego en el huevo, el número de medicinas autorizadas para las gallinas ponedoras es muy limitado. Lo cierto es que siempre se testean las medicinas que se usarán en animales para ver si se trasladan a la carne o a los huevos.

Lo que sucedió es que muchos agricultores en Bélgica, Holanda y Alemania emplearon una sustancia con Fipronil aunque sin saber que contenía ilegalmente el insecticida. Emplearon Dega-16, un medio homeopático de aceites etéreos que se supone es efectivo para combatir un parásito problemático: el ácaro rojo.

“Alrededor de dos tercios de todos los gallineros de ponedoras en Europa tienen un problema con este parásito”, dice Dieter Schulze, que trabaja en una gran veterinaria en el estado de Baja Sajonia, donde se detectaron algunos de los casos.

Los parásitos se suben de noche a los animales, se depositan en sus alas y les chupan la sangre. El problema es común a todos los criaderos, sean al aire libre o en jaulas.

Para las gallinas no sólo puede ser molesto, sino también peligroso y derivar en su muerte por anemia. Los ácaros pueden transmitir también enfermedades, como la gripe aviar o el cólera aviar, explica Schulze. Pero también altera al grupo, lo que crea un problema adicional cuando las gallinas -a las que en Baja Sajonia está prohibido cortarles el pico- se picotean entre ellas porque están más agresivas. Las lesiones aumentan el riesgo de sufrir la enfermedad y reducen su capacidad de poner huevos.

Hay cuatro productos químicos autorizados para tratar los ácaros. Tres de ellos están hace tiempo en el mercado, por lo cual los bichitos desarrollaron resistencia a ellos, dice Schulze. Esto quiere decir que su efecto se redujo. Un nuevo insecticida de nombre Spinosad tiene un buen efecto, pero es muy caro, por lo que no se lo suele usar para desinfectar gallineros enteros sino en casos puntuales.

En tanto, se extendió en Alemania un método mediante el cual se trata todo el gallinero con dióxido de silicio. El silicato se rocía como si fuera cal blanca sobre todo el gallinero. Los ácaros huyen arrastrándose y el silicato hace que su caparazón de quitina se raje y los ácaros se sequen.

“Lo que nos hizo avanzar en la lucha contra los ácaros es un medio puramente físico”, afirma Schulze. Incluso empresas avícolas grandes han logrado erradicar los ácaros con este tratamiento con silicato.

Pero incluso aunque el gallinero esté libre de ácaros, una vez que llega un grupo de gallinas nuevo los parásitos vuelven. Aquí se suman dos factores: las gallinas ponedoras pasan mucho tiempo encerradas, hasta año y medio. Y en verano, los ácaros se multiplican con sorprendente rapidez.

En otras palabras: después de un tiempo, los ácaros pueden volver a ser un problema. “Y el tratamiento con silicato no se puede hacer cuando los animales se encuentran en el establo”, dice Schulze.

Cuando el Dega-16 demostró ser efectivo contra los ácaros con su adición ilegal de Fipronil, los agricultores se volcaron de inmediato a este supuesto remedio mágico. Schulze defiende a los dueños de los gallineros. “Una persona por sí sola no podía saber esto. El producto estaba registrado y autorizado”.

Por Elmar Stephan

 

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